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‘Nunca le pregunté a Dios por qué’

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Marzo 16, 2008

Jorge Barraza | jbarraza@sinectis.com.ar

Julio González, delantero paraguayo, perdió el brazo izquierdo y quedó con el derecho lastimado, luego de un accidente en Italia. Volvió a su país natal para jugar en el Tacuary, donde es ejemplo de fe.

“Dios me dio tanto… Una familia hermosa, hijos sanos, el fútbol, jugar en mi selección, en Italia… Y nunca le pregunté por qué; ahora tampoco le pregunto”.

Los primeros de diciembre de 2005 fueron días felices para Julio González; el gol le sonreía en el Vicenza italiano; llevaba 8 en 15 partidos y el técnico de la selección paraguaya, Aníbal Ruiz, acababa de visitarlo para informarle que sería convocado al Mundial de Alemania 2006. La vida era verdaderamente bella. Con 24 años se sentía fuerte y joven. El 22 de ese mes a las 04:30 de la mañana, mientras conducía hacia el aeropuerto de Venecia para volver a Asunción a pasar las fiestas, un grave accidente cambió para siempre su futuro.

-Manejaba mi vehículo por la autopista junto a un compañero argentino del Vicenza, Gerardo Grighini. Choqué de frente, primero contra un camión y luego, tras rebotar, contra otro. Uno de esos golpes hizo que perdiera prácticamente el brazo izquierdo y me quedara muy dañado el derecho.

Pese a ello, su extraordinaria fuerza de voluntad le ha permitido volver a jugar en Primera División con el Tacuary de su país. Una historia de amor a la vida… Y al fútbol. Lo entrevistamos en su casa de Asunción. No parece un sujeto al que el destino sometió a tan cruenta experiencia, luce excelente de ánimo.

-¿Cuándo te dijeron que debían amputarte el brazo?

-Los médicos hicieron todo para salvarme el brazo; y lo iban logrando, pero luego de 26 días el brazo ya no respondió a causa de las arterias. Tuve una hemorragia importante en las heridas y debían tomar una decisión extrema.

-Terrible momento cuando te preguntaron…

-Sí, aunque ya estaba un poco preparado, sabía que estaba tan destruido el brazo que no iba a tener sensibilidad, era para la apariencia nomás, más un obstáculo que otra cosa. De esa forma no hubiese podido jugar nuevamente, así que estoy contento de estar con vida sobre todo y de poder hacer lo que a mí me gusta.

Julio jugó dos Copas América con la Albirroja: Colombia 2001 y Perú 2004, en la que anotó un gol a Brasil en el triunfo paraguayo 2-1. Y tiene la medalla de plata lograda en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Ya no sueña con laureles ni con millones. Sin embargo, está feliz porque ha vuelto al fútbol, tiene la ansiedad de un debutante. También porque su otro brazo, el derecho, va recuperando de a poco la fuerza, el movimiento.

-Hace un año no movía absolutamente nada del brazo; inclusive, me operaron y voy mejorando. Ahora me manejo solo, me visto, me alimento solo, conduzco mi vehículo…

El 16 de noviembre último, a dos años del cruento suceso, Julio González sintió que volvía a nacer: ese día retornó oficialmente a las canchas, pero con Tacuary. Por el campeonato paraguayo enfrentó a Olimpia en cancha del tricampeón de América.

-¿Cómo fue el recibimiento en ese partido?

-Todos los hinchas de pie aplaudiendo, algo maravilloso, que no se ve todos los días.

-¿Sos de llorar?

-Soy de llorar (risas). Lloré cuando estaba en el túnel, cuando salí a la cancha…  Hasta hoy día no tengo palabras para describir esa emoción.

-¿Y los rivales? ¿Te hablaron, te quisieron apoyar?

-Carlos Gamarra, que fue mi compañero en la Selección y en ese momento era el capitán de Olimpia, se me acercó y me dijo: “No pienses que porque no tenés brazos no te vamos a patear”. Eso para mí es algo lindo, me sentí respetado, que me vieran como un rival que les podía hacer un gol y crear problemas, como ellos a mí.

La vida lo puso en una carrera con obstáculos. Vallas muy altas. Pero Julio González toma carrera y va; pasa algunas, voltea otras y sigue. Es un obstinado de la fe.


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