Ochenta personas murieron durante las protestas registradas en los últimos días en Tíbet, según datos "confirmados" por el gobierno tibetano exiliado en el norte de India y divulgados este domingo.
"Observando los cuerpos hay 80 muertos. Tenemos 80 cuerpos identificados", declaró Thubten Samphel, portavoz del gobierno tibetano exiliado en Dharamshala (norte de India).
El responsable explicó que este nuevo balance fue establecido gracias a "llamadas recibidas desde Tíbet" de testigos directos de lo que ocurre.
"Hasta este momento, tenemos 80 muertos", confirmó Tenzin Taklha, un cercano colaborador del Dalai Lama, líder espiritual de los budistas tibetanos.
Por ahora, el gobierno chino, que controla esta región del Himalaya, afirmó que hubo 10 muertos en Lhasa, capital de Tíbet, durante las protestas registradas el viernes, las más sangrientas desde 1989. Hasta este domingo, el gobierno en el exilio había confirmado el deceso de 30 personas.
Según Taklha, 26 personas fueron asesinadas el sábado fuera de la prisión de Drapchi, en Lhasa.
"Tenemos informaciones de allegados de las víctimas y de los servicios de seguridad. Entre los muertos hay cinco muchachas, abatidas en las afueras de Lhasa", agregó.
"La mayoría de los muertos son tibetanos. Es difícil verificar estas cifras. Por ejemplo, alguien nos dijo que había 68 cuerpos más en una morgue, pero es complicado confirmarlo", añadió Takhla.
El líder del Parlamento tibetano en el exilio, Karma Chonphel, llegó incluso a mencionar la cifra, imposible de verificar, de 1.000 víctimas mortales desde el 10 de marzo.
El gobierno chino declaró "la guerra popular" a los insurgentes de Tíbet, afirmando no obstante que controlaba la situación este domingo en Lhasa, que amaneció tranquila, aunque cercada por las fuerzas de seguridad.
"No hemos decretado la ley marcial y la situación en Tíbet es en conjunto buena en este momento", declaró su alcalde, Doje Cezhug, a la agencia oficial China Nueva.