En estas montañas, donde los conquistadores alguna vez extrajeron oro de vetas abiertas en la ladera, el experimentado minero de oro de las películas le cede el paso a un tipo nuevo de buscador: geólogos e ingenieros, armados con equipo sofisticado y millones de dólares para invertir.
En gran parte estadounidenses y canadienses, trabajaron arduamente durante años para los gigantes internacionales de la minería. Ahora que el precio del oro se acerca a niveles sin precedentes, dejan sus compañías, recaudan capital para iniciar sus propias empresas para buscar oro y se dirigen a México. Hace poco, una onza de oro costaba 991,68 dólares, de 665 hace un año. En 1980, el aumento en los precios del petróleo y el pesimismo económico llevaron el precio a 875 dólares por onza; eso equivaldría a más de dos mil dólares actuales.
“El oro tocó fondo en 2001, a 250 dólares por onza, y ha ido en aumento desde entonces”, dijo Craig Stanley, analista de minería de oro en Desjardins Securities, en Toronto. “Eso sigue atrayendo a más gente”.
Las compañías mineras están en proceso de incrementar sus presupuestos para las exploraciones en busca de oro en todo el mundo. Pero muchos países que ofrecen la promesa de depósitos nuevos significativos son o políticamente caprichosos, como Rusia, o peligrosos, como Congo. En contraste, México ha desarrollado normas de inversión favorables y una burocracia relativamente eficiente, dijeron los analistas.
Simplemente para comenzar a explorar, se necesitan decenas de millones de dólares.
El costo de encontrar y luego extraer oro se ha incrementado aproximadamente un 25 por ciento en el último año. Sólo uno de cada mil proyectos de exploración se convierte en una mina en funcionamiento, dijo Peter K. M. Megaw, presidente de Imdex, una empresa de consultoría y contrataciones con sede en Tucson, Arizona, que ayuda a compañías extranjeras a realizar exploraciones en México.
Los analistas dicen que México es uno de los países más atractivos del mundo para la minería, subió a la posición número 14, en la producción de oro, de la 18 que tenía en 2006.
La mayoría de las compañías recaudan sus primeros millones para comenzar a hacer mapas y analizar derechos sobre terrenos en el mercado TSX Venture Exchange, en Toronto.
Conocidos en la industria como “juniors”, se han convertido en la división de exploración de la industria.
Tras dos décadas de búsquedas en Chihuahua, Jay Zebrowski, de 64 años, aún maneja su Chevrolet Suburban 1983 cada ciertos meses desde su hogar, cerca de Denver, para darle un vistazo a la mina abandonada de la que él y su hermano, un geólogo, son dueños. El oro ha llevado a los Zebrowski al borde de la ruina.
Casi todo el millón, o más, de dólares que han invertido en la minería ha provenido de inversionistas que aún no han visto una ganancia. Endeudado, Zebrowski ha podido continuar con la búsqueda de oro al venderle opciones de sus derechos de exploración a una pequeña compañía de Montreal, Dia Bras Exploration, y al gigante mexicano de minería Industrias Peñoles.
A la larga, los hermanos Zebrowski abandonaron su mina y comenzaron a comprar en su lugar derechos sobre terrenos, con la esperanza de hacer tratos con compañías más grandes.
Comprar una opción les daría el derecho de buscar oro y le redituaría a los Zebrowski más dinero si un depósito se convierte en mina.
“Parece que ahora tenemos algo de suerte”, dijo Zebrowski. Hizo una pausa y agregó: “Bueno, al menos la suerte nos rodea”.