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Muebles de madera rústica brasileña están de moda

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Hugo França, en un “sofá” en su sala de exposición, en São Paulo, dedicó quince años a aprender la talla en madera. Sus piezas se encuentran en hoteles de lujo.
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Marzo 16, 2008

Por JULIA CHAPLIN

Si recorre el penthouse del nuevo Hotel Huntley, en Santa Monica, California, el Hotel Tides, diseñado por Kelly Wearstler, en South Beach, Florida, o el recién inaugurado Hotel Fasano, en Rio de Janeiro, de Philippe Starck, no podrá evitar fijarse en las mesas de cóctel y demás mobiliario fabricado con trozos de madera rústica. Estas piezas ecológicas y elegantes parecen haber sustituido a los Buddhas, las mesas comunales y la taxidermia como el símbolo más reciente de la moda actual en hoteles boutique, restaurantes y condominios de lujo.

Para Hugo França, diseñador brasileño de mobiliario, de 54 años, la tendencia ha significado un camino muy largo. En los 80 y 90, França pasó quince años en aislamiento, en el noreste de Brasil, donde aprendió los detalles del trabajo con árboles.

Desde entonces, talla muebles a partir de madera dura de pequí caída y quemada que rescata de la selva tropical litoral.

El exilio autoimpuesto de França inició en 1982, cuando, disgustado por la dictadura militar brasileña, renunció a su puesto en una compañía computacional de São Paulo y se mudó a la selva del Estado de Bahia (cuenta que manifestó contra la dictadura a finales de los 70 y fue encarcelado y torturado). Regresó a la ciudad a fines de los 90 y vive ahora en el penthouse de un rascacielos con su cuarta esposa, Tania Soriani Barros.

Cada mes y medio, França emprende el viaje de 1.600 kilómetros hasta su estudio, en la aldea de pescadores bahiana de Trancoso, donde sigue las indicaciones de trabajadores de ranchos, granjeros e indígenas que saben dónde hallar troncos de árboles.

La región está repleta de troncos calcinados de dos metros de largo abandonados desde los 60 y 70, cuando las selvas eran taladas y quemadas para fines de agricultura y ganadería. (La práctica de la tala ha sido vetada desde entonces.) También hay árboles que han muerto a causa de la sequía o de una inundación, pero aún alcanzan 45 metros de altura en medio de una selva densa y virgen.

Éstos constituyen los hallazgos favoritos de França, porque le permiten tallar una serie entera de muebles a partir de un solo árbol.

“Los rancheros solían estar encantados de que me llevara sus árboles”, relató França, en su sala de exposición, en São Paulo. “Ellos los consideraban basura. Pero ahora, ven que tengo éxito y quieren cada vez más dinero”.

En su búsqueda de la madera correcta, França recorre kilómetros de accidentados caminos de terracería en su Fiat rojo o en motocicleta. Junto con sus dos asistentes, acampa, se levanta antes del amanecer y camina durante horas, armado con machetes y repelente para los mosquitos, en medio de la maraña de vegetación.

França explicó que no sabe realizar croquis o bosquejos. Utiliza tiza para dibujar en los árboles, para evaluar lo que podría hacer con ellos. “La cosa más fascinante es cuando empiezas a desenterrar las raíces para observar las curvas y las formas que revelan”, indicó. Podría tomar un pedazo de dos metros de un sistema de raíces y darle la forma de un diván bajo y curvilíneo con un centro tejido con tiras de piel. También les compra a los indígenas pataxó sys canoas abandonadas y las convierte en elegantes sillas.

Una mañana de enero, França hojeaba un portafolio de su trabajo en su sala de exposición, en São Paulo, cuando se tropezó con una fotografía de un jacuzzi tallado a partir de un tocón de árbol calcinado, la primera de ocho piezas de este tipo que fabricó tras ver un modelo de plástico en una revista. Pesa 18 toneladas y tiene capacidad para once personas.

França lamentó el hecho de que muy probablemente no volvería jamás a encontrar otro tronco de árbol tan apropiado. “Es difícil trabajar con un recurso limitado”, dijo.


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