“El viaje en sí es el hogar”, escribió Basho, poeta itinerante japonés del siglo XVII. Y tal vez para él lo era. Pero para un alma errante moderna, ¿puede alguna vez alcanzar un hotel las comodidades de casa? Al llegar a uno, lo primero que hacen muchos viajeros es orientarse: descubrir dónde está todo y cómo funciona, jugar con la mejor configuración de iluminación y temperatura, ordenar las cosas en una rápida reproducción de casa.
Pero hay fuerzas en acción contra el intento por sentirse en casa, muchas que surgen de deficiencias en el diseño. Lo único que se necesita es quemarse en una ducha extraña o tener que pasar unos minutos tratando de averiguar el funcionamiento de un despertador complicado, para despertar la añoranza por nuestro verdadero hogar.
Existe un lugar, no obstante, donde muchos de estos defectos han sido conquistados a través de tecnología intuitiva y diseño inteligente. Es el hotel Peninsula más reciente, un edificio de 24 pisos frente al Parque Hibiya, en el distrito Marunouchi de Tokio.
El Peninsula, donde las tarifas van desde los 60 mil yenes por noche (aproximadamente 500 dólares), se ha convertido en algo así como un destino de peregrinación para los hoteleros desde que abrió sus puertas, en septiembre. Al visitante que acaba de llegar de un largo vuelo, así como de un trayecto de dos horas repleto de tráfico desde el Aeropuerto Narita, se le da la bienvenida a un espacio tranquilo y con iluminación suave, donde toda necesidad parece haber sido anticipada.
¿Necesita llamar a casa para confirmar que llegó? El panel telefónico muestra qué hora es en su hogar. (También aconseja sobre el clima en su ciudad y marca los días festivos). ¿Se siente deshidratado tras el vuelo, o por el invierno de Tokio? Simplemente ajuste la humedad. Cuando suena el teléfono, la radio o televisión automáticamente disminuye el volumen.
Cuando suena de noche, la lámpara en el plafón junto a la cama resplandece sólo lo necesario para que usted pueda contestar.
El teléfono del baño incluye un filtro digital para eliminar el eco. Cuando oprime el botón de “spa” en la tina, las luces se atenúan y la radio cambia a una estación que toca música relajante.
Para hacer llamadas en Skype vía Internet, no necesita instalar su computadora; sólo oprima el botón de Skype en el teléfono. Si desea continuar una conversación telefónica en el vestíbulo del hotel, llévese consigo el teléfono portátil.
Y si quiere seguir hablando en la calle, el teléfono cambia a una red de telefonía celular.
El hombre detrás de la mayoría de estas innovaciones es Fraser Hickox, director del departamento de servicios electrónicos de la compañía, quien supervisó a más de 20 ingenieros durante dos años mientras hacían pruebas con diversas versiones de la habitación. Aunque Hickox, australiano radicado en Hong Kong, tiene un doctorado en radiofísica, le gusta que sus habitaciones sean accesibles para los no científicos. “El verdadero secreto de la tecnología”, dijo, “es que no deberías tener que pensar al respecto”.
La tecnología es la parte sencilla, añadió Hickox. La verdadera labor involucra anticipar su mejor uso. Cada innovación en las habitaciones del Peninsula tiene su historia. La radio por Internet en el panel de la pared, por ejemplo, surgió de una plática que tuvo Hickox con un huésped japonés en el hotel Peninsula Nueva York. Después de un día de juntas enervantes, quería un refugio con un toque de su hogar, en este caso, escuchar la estación radiofónica japonesa NHK en su propio radio de onda corta.
Hickox admitió que él y su personal han hecho “algunas tonterías” en su búsqueda del servicio ideal. En el Peninsula Hong Kong, instalaron cintas electrónicas con indicadores bursátiles. “Pensamos que nuestra clientela estaría interesada en seguir el mercado”, dijo. “La única persona que los veía era nuestro técnico, para asegurarse de que funcionaban bien”.