Las instalaciones del artista quiteño se exhiben hasta el 28 de marzo en El Pobre Diablo.
Manuel Amaru Cholango, artista ecuatoriano residente en Alemania, llegó de nuevo para desconcertar, para sorprender, para golpear.
Después de 10 años de no presentar su obra en el país, regresó la noche del pasado martes al escenario de El Conteiner, en el bar restaurante El Pobre Diablo, para presentar Catarsis o Desearás la mujer de tu prójimo, una obra que está integrada por un performance y algunas instalaciones.
Un público integrado principalmente por jóvenes se apiñó para coger puesto alrededor de una pequeña pasarela alfombrada con la bandera nacional, sobre la cual Cholango invitó a exhibir con franqueza sus cuerpos gastados y desnudos a cuatro prostitutas capitalinas, en un performance titulado La belleza de la fealdad.
Entre algunos hubo sorpresa, pero la verdad es que los asistentes iban buscando eso, la provocación característica en el arte de Cholango, para quien el shock, el escándalo, ejerce la función del látigo para despertar al hombre de su sueño.
“No es solamente una aventura estética o un experimento, sino, sobre todo, es una escuela de vida que sirve para curar las heridas dejadas por el intelectualismo; es algo análogo, como cuando nuestros yachags (chamanes) hacen la limpia, es una forma de limpiar las impurezas para armonizar y potenciar el alma humana”, señala.
Cholango nació en la población de Quinchu Cajas, en la zona de Cayambe (norte de Pichincha), y recuerda su niñez como “una vida natural, de borregos, de vacas, de animales... También fui pastor de ovejas”. Pero los caminos de la vida lo llevaron “como un salvaje del campo” a la gran ciudad deshumanizada: primero a Quito, donde obtuvo el título de ingeniero en Geología de Minas y Petróleos, y luego a Londres, a donde viajó becado por el Instituto Geológico de Ciencias, y encontró su vocación artística.
“Conocer las obras de Rembrandt, de los impresionistas, fue como un rayo de arte. Si hubiera regresado al país me hubiera convertido en otro esclavizador con mucho dinero”, comenta Cholango. El retorno a la espiritualidad, tal vez a ese campo con borregos, es el leitmotiv que hay detrás de sus disparatadas propuestas. Para él, el deber del arte es “ayudar a que se realice una metamorfosis espiritual en el ser humano, para que pueda convertirse en un hombre-arte y así pase de ser creado a ser creador”.
En concreto, la obra que presenta hasta el próximo 28 de marzo en El Pobre Diablo, trata del encuentro de los opuestos. De la tesis y la antítesis, campo-ciudad, belleza-fealdad, bien-mal, democracia-antidemocracia, vida-muerte; son las polaridades que conviven en el alma humana y que el artista contemporáneo debe asumir como partes de un todo necesario.
“En su alma el hombre tiene la fealdad y la belleza, y él con su voluntad tiene que sopesar esas dos cosas. Esto tiene que ver también con la cosmovisión andina, donde se valora la noche al igual que el día; lo oscuro no es el diablo, como nos enseñó la religión católica”, explica el artista ecuatoriano.
Una de las instalaciones que presenta en esta muestra es un congelador industrial lleno de cabezas de vacas muertas y despellejadas. “Queremos hacer un tabú de la muerte. Estamos esperando que exista una solución para mantenernos jóvenes, pero la muerte es implacable y nadie ha escapado de ella. ¿Acaso no comemos todos los días animales muertos? Pero cuando ya están frititos nos olvidamos. Eso es hipocresía”.
Para representar la democracia devaluada, “ya carbonizada”, Cholango utiliza un asadero de pollos dentro del cual giran las palabras legislativo, ejecutivo y judicial. Otra de las instalaciones acude al tema de la búsqueda de salvación a través de los fetiches de la religiosidad popular y, junto a ellos, unos visores a través de los cuales se podía ver el Peep-Show (striptease o escenas de sexo en vivo) de una rubia alemana, que detuvo al público en largas filas durante un buen rato.
En una planta de marihuana se inscribe que nunca ha probado, “no sé si para bien o para mal” (lo mismo que los servicios de una prostituta); es otro de los elementos de provocación en los que Cholango materializa su lucha contra “un mundo capitalista neoliberal en donde todo es comprable y vendible” y que además ha perdido el valor de lo sagrado.
“Toda planta tiene un sentido de ser en la naturaleza, es el hombre el que ha manipulado las plantas para satisfacer sus necesidades psíquicas; quiero dialogar sobre esto con el público”, indica Cholango o, como él prefiere, Amaru a secas.