Tiene 9 años y el pasado 3 de marzo fue raptado. Logró huir, pero un bus lo arrolló y hoy sufre.
Está deprimido. A ratos muestra enojo. Intenta moverse, pero le es imposible. Se aferra a un pequeño gato de cuerpo flácido, al que espulga. Muestra pocas ganas de hablar. Pero poco a poco Julito (nombre protegido) comienza a contar cómo el pasado 3 de marzo tres hombres lo raptaron de afuera de su casa en el sector de Nigeria, en la isla Trinitaria, al sur de Guayaquil; y luego, cuando logró escapar, un colectivo lo atropelló.
Cuenta que jugaba solo. Con unas bolas, en pequeños hoyos que había hecho en la tierra de la estrecha calle frente a su casa. Estaba descuidado cuando, “de pronto sentí que me pusieron un papel en toda la cara, creo que me drogaron. Me comencé a dormir, pero sí sentí que me subieron a una canoa, en la que iban cuatro hombres con el que iba manejando”, comenta.
Está inmovilizado
Cuando ha narrado esta parte del rapto, Julito vuelve a quedarse callado. Le presta más atención a su gato e intenta moverse otra vez.
También observa hacia la calle y, a través de las hendijas, mira cómo sus amigos corren. Otros pequeños, que ven por las hendiduras hacia adentro de la casa, lo saludan, como diciéndole que lo extrañan en sus jornadas de juegos.
Hace doce días que Julito no puede ni siquiera sentarse, peor caminar. Está enyesado. Tiene una lesión en la rodilla derecha, en la que siente mucho dolor.
Dice que se liberó a la altura del Mall del Sur, en la av. 25 de Julio. Intentaba cruzar cuando fue arrollado por un bus de la línea 58. Esa es la información que le dieron a su madre Lucía (nombre protegido) personal médico del hospital Roberto Gilbert, donde fue atendido.
Ocho días internado
El niño, que estudia en la escuela Berta Valverde de Duarte en el sector donde vive, cuenta que no recuerda nada desde el momento en que lo arrollaron. “Me desperté como a las 04:00 del día siguiente (4 de marzo)”, expresa el niño, quien permaneció una semana internado en la casa asistencial indicada.
“Pasé días horribles. Yo no podía comer, peor dormir. Pero tuve fuerzas para denunciar que el niño había desaparecido. Fui a la prensa con la foto de él”, expresa su madre. Fue así como el personal de trabajo social del hospital Roberto Gilbert se contactó con la familia de Julito y le dio a conocer que el menor estaba recuperándose de lesiones en la rodilla derecha.
Cuando el niño egresó no le entregaron la cuenta que debía pagar, porque dijo que no tenía dinero. Pero sabe que “cuando vaya a las curaciones me han de querer cobrar y no sé cómo voy a cancelar si no tengo dinero”, se lamenta la mujer, madre de seis hijos, cuyo esposo gana de dos a tres dólares diarios cargando madera en un depósito.
Cuando escucha a su mamá la mirada de Julito se pierde por un rato.
Luego intenta ver la pantalla de un diminuto e inservible televisor en el que apenas se ven unas sombras. Tan mala es la calidad de la imagen del aparato que no se entretiene y vuelve a mirar hacia afuera por las hendiduras. Sus ojos brillan como con deseos de volver a tener la oportunidad de jugar.
Teléfonos
Si usted desea ayudar a los padres del menor para que compren medicinas y sigan el tratamiento médico, además de las terapias de rehabilitación, necesarias para su recuperación, puede comunicarse llamando a los teléfonos (09) 955-2428 o al (08) 192-0520.
Textuales
lo que se dijo
‘Julito’
NIÑO HERIDO
“Tres hombres de raza negra me pusieron un papel en la cara, creo que me drogaron y me llevaron a la canoa, pero yo me escapé”.
‘Lucía’
MADRE DEL MENOR
“Fue un impacto muy fuerte, yo solo le di permiso para jugar, pero se desapareció. Y lo hallé a los ocho días en el hospital”.