“¡Qué hay parce...!” fue la frase con la que uno de sus dos asesinos abordó ayer a las 09:30 a Javier Gregorio Domínguez Maridueña, de 27 años, y antes de que él les indique dónde quedaba una dirección que ellos supuestamente buscaban en la Florida Norte, le propinaron cinco disparos, para enseguida huir en una motocicleta.
Según el testimonio de un amigo de la víctima, que lo acompañaba en el momento del ataque y que declaró ayer ante los agentes de Criminalística, “los dos individuos tenían acento colombiano”, indicó un uniformado de esa unidad.
Carmen Herrera Zambrano, conviviente de Domínguez Maridueña, dijo que su esposo salió minutos antes de su casa. Le indicó que solo iba a hacer unos cobros, pero que no tardaba, pues “me iba a traer la plata de la comida (el almuerzo)”.
Sin embargo, a los pocos minutos vecinos del sector le dijeron que él estaba muerto en un callejón junto a la iglesia católica del sector y diagonal al retén de Policía, donde nadie dio detalles de lo sucedido.
El extinto, a quien la mayoría de impactos le cayó en el pecho y espalda, trabajaba para un prestamista de dinero en el sector norte de la urbe. Su nombre no fue revelado; sin embargo, la policía no descarta que el crimen haya sido cometido por sicarios a quienes les pagaron para así saldar alguna deuda.
Junto a Herrera, Domínguez procreó un niño de 1 año. Con ellos también vivía en Florida Norte el primer hijo de la mujer, que tiene 2 años.
Confundida y golpeada por la desgracia, Carmen Herrera indicó ayer que su esposo nunca le informó que había recibido amenazas. “No he sabido nada, él ahora solo salió a cobrar, pero no regresó vivo”, expresó.