Miles de efectivos de seguridad chinos dispararon gas lacrimógeno para intentar dispersar a más de 600 monjes que tomaban parte en un segundo día de inusuales protestas callejeras en el Tíbet, dijeron este miércoles una fuente y Radio Free Asia.
Las manifestaciones del Tíbet siguieron a una serie de marchas alrededor del mundo para conmemorar el aniversario número 49 de un levantamiento contra el Gobierno chino en la remota y montañosa región.
El Tíbet se ha convertido en un punto central para manifestantes antes de las Olimpiadas de Beijing.
"La policía estaba armada con dispositivos eléctricos. Otras fuerzas de seguridad uniformadas tenían armas de fuego", dijo la fuente a Reuters, pidiendo mantener su anonimato.
"Los monjes coreaban: Liberen a nuestra gente", señaló la fuente, citando a un testigo. El grupo, del monasterio Sera, también gritaba "Queremos derechos humanos y libertad", agregó.
El lunes, 300 monjes desafiaron a las autoridades al protagonizar una marcha en la capital tibetana de Lhasa, la cual un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino describió como "una actividad ilegal que amenazó la estabilidad social".
Las tropas chinas invadieron el Tíbet en 1950 y nueve años más tarde el Dalai Lama, el líder espiritual del budismo tibetano, huyó al exilio tras una fallida sublevación contra el Gobierno chino.
El Tíbet desde entonces se convirtió en un punto de contención entre los líderes comunistas chinos y aquellos que abogan por la independencia o mayor autonomía para la región.
Radio Free Asia dijo que los monjes del monasterio Sera estaban exigiendo la liberación de otros religiosos detenidos por manifestarse un día antes.
Cerca de una decena de monjes de Sera fueron detenidos a comienzos de este mes por ondear una bandera tibetana y gritar consignas a favor de la independencia, dijo la fuente, añadiendo que funcionarios del Gobierno dijeron que habían sido arrestados por crímenes "muy serios".
Las protestas a favor del Tíbet alrededor del mundo durante la semana pasada y las manifestaciones con la región fuertemente patrullada son precisamente lo que los gobernantes de la China comunista quieren evitar ante la cercanía de las Olimpiadas en agosto.
El ministro de Relaciones Exteriores Yang Jiechi pidió a los críticos el miércoles que desistieran, acusándolos de violar los estatutos de los Juegos Olímpicos que mantienen a la política alejada de los deportes.
"Más y más países (...) han reconocido que este asunto concierne a la soberanía e integridad territorial de China. No es un problema religioso o étnico", dijo Yang a una conferencia de prensa.