Una y otra vez intentamos descifrar, comprender e intuir, cual rompecabezas, todos los matices posibles de la psiquis masculina. “Que si me llamó” o “que no me llamó”, las razones posibles de… “¿y por qué no lo hizo?” Y también… “¿qué diablos está esperando para hacerlo, luego de aquella noche romántica que tuvimos?”. Estas interminables preguntas son moneda corriente en oídos femeninos. Hartas de las estrategias de los machos, este tema universal continúa en boca de todas, las solteras, separadas y mujeres desconocidas. Pasa en Buenos Aires, en Guayaquil, en Santiago y en Londres también. Las historias, o mejor dicho, ¡acertijos indescifrables! de atractivas chicas de treinta y treinta y pico; lindas, inteligentes, independientes; con ganas de conocer a algún hombre interesante que les robe el corazón, la cabeza y el cuerpo… Que las haga soñar, bailar, viajar (aunque sea con la imaginación), sentirse mujeres, dulces y tiernas, queridas y sumamente importante para ese otro ser especial… pero nada. Todas largan la pregunta del millón, desconcertadas y confundidas: “¿Qué les pasa a los hombres?”, porque los hay en cantidades, pero… ¡¿es que esto de la emancipación femenina nos ha cagado la vida?!
Ellos juegan de cool, metrosexuales algunos e histéricos en su mayoría. Se han convertido en poseedores de características típicamente femeninas, como el capricho, el misterio y la bien conocida histeria. Sin saber bien en qué lugar ponerse, los hombres urbanos entre 30 y 40 ¡están simplemente imposibles!
Con un check-list en su bolsillo de los “pros and cons” para la conquista & caza de nuestra especie; porque para ellos somos un género diferente: mitad humanas, mitad venusinas y nos comunicamos en ¡sánscrito! Aunque es verdad que tenemos algunas diferencias: ellos no tienen que depilarse, si están gordos no se deprimen, no les viene, no tienen celulitis, no sienten culpa, no han ido nunca a ver una bruja para que les lea las cartas o les fume el cigarro, y menos que menos visitar a una astróloga para una carta natal, no lloran sin excusas, no son adictos al chocolate y nunca se les ha despegado ¡el taco en una fiesta! Pero llegado el momento de involucrarse emocionalmente… evaden el tema o ¿es que se han convertido en fóbicos emocionales?
Las relaciones entre los sexos se han vuelto complicadas, difíciles y sobre todo poco naturales, aseguran los psicólogos y psiquiatras –la monarquía argentina– pues como saben, aquí el 99% de las personas se psicoanaliza (¡incluida esta columnista, gracias a Dios!). En su mayoría son de treinta a cuarenta y pico de años.
Por último, en la era de las comunicaciones y la globalización, el siglo XXI, donde el celular, el mail, el mensaje de texto y el messenger son herramientas que aparentemente nos ayudan a entendernos… en realidad nos desconectan, y transforman nuestros contactos en fríos y mecánicos.
¿Cómo sigue esto? Ni idea… aunque una buena opción, como dicen nuestras abuelas, es ¡prender una vela a San Antonio! o hacer como Demi, eligiendo a uno mucho más joven o a un bien madurito.