Domingo 02 de marzo del 2008 El País

El ganado de Salitre emigró, el de otros sectores se ahoga

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En la vía Baba-Vernaza transitan reses que padecen por falta de alimento, por la inundación.

Decenas de reses flacas caminan por la carretera asfaltada. Otras se sumergen hasta el cuello para tratar de comer el pasto que flota en los campos inundados. Es el panorama que se aprecia en estos días en Baba, General Vernaza, Salitre y algunos sectores de Daule y Samborondón. Pero este ganado no es el único que existe en la zona.

Es solo una pequeña parte; son solo las vacas que dan leche para la subsistencia de los campesinos, pues miles de reses emigran durante el invierno a sectores altos.

En enero, los ganaderos de esta zona tienen la costumbre centenaria de arriar su ganado hacia potreros alquilados en Lomas de Sargentillo, Balzar, Palestina, Colimes, Pedro Carbo, en el noroeste de Guayas.

“Somos ganaderos de ocho meses, porque durante el tiempo restante el ganado sale para protegerse de las inundaciones de invierno”, refiere el alcalde de Salitre, Julio Alfaro.

José Humberto Bajaña Cedeño envió este año doce reses a Palestina, al potrero de un conocido que cobra 6 dólares mensuales por vacuno. Cuando es una vaca lechera, el propietario del potrero no cobra, pero consume o comercializa la leche.

Estimativos del Municipio de Salitre señalan que unas 8.000 cabezas de ganado emigran por el invierno. El alcalde Alfaro menciona que la Municipalidad prepara un censo para determinar la cantidad de ganado que posee la zona pero, como referencia, cita que existen 37 organizaciones ganaderas con un promedio de 200 socios cada una. En este sector existen grandes ganaderos que poseen hasta mil reses, como los León, Burgos, Arzube y otros.

La movilización ganadera por el invierno significa un egreso adicional para el campesino. Esa es una de las razones para el alza del precio del producto. La arroba (25 libras) de ganado en pie se comercializaba a 23 dólares hasta enero; hoy está a 25 y según los ganaderos podría subir.

Bajaña Cedeño y el alcalde Alfaro indican que además del pago por el potrero, la movilización es costosa. En su mayoría se realiza por las carreteras principales o cruces que ya son conocidos tradicionalmente. El traslado se hace en dos y hasta tres días. Hay vacas que paren en el camino y los arrieros deben cargar la cría en el lomo de su caballo para completar el viaje.

Cada grupo lleva su comida en alforjas; duermen en el camino cobijados con ponchos de agua. Y van armados de cartucheras, para protegerse de los delincuentes, que también se ponen en acción en enero y mayo, durante el éxodo y el retorno.

A diferencia de Salitre y sus zonas aledañas, en Manabí, Los Ríos y El Oro, miles de cabezas de ganado sí sufrieron los efectos de las inundaciones e incluso cientos murieron ahogadas. En territorio manabita hay 80 mil reses bajo el agua. “Esa condición les provoca enfermedades en las pezuñas, lo que repercute en los niveles de producción de leche”, afirma Cunther Andrade, subsecretaria de Agricultura para Manabí y Esmeraldas.

Aquellos problemas repercuten especialmente en Chone, cantón considerado como uno de los más grandes productores de leche y queso del país.

En la provincia del Azuay también hay pérdidas en el sector ganadero, debido a deslaves que arrasaron fincas. En la parroquia Molleturo, de Cuenca, y los cantones Ponce Enríquez y Pucará se perdieron 200 reses por las avalanchas. Los perjudicados en su mayoría son campesinos pobres.
El País

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