La habilidad del pediatra Harvey Karp para calmar a bebés llorones se convirtió en el libro de grandes ventas “The Happiest Baby on the Block” (El bebé más feliz de la cuadra).
Ahora Karp, profesor asistente de pediatría en la Universidad de California, en Los Ángeles, ha vuelto su atención a los primeros años de vida, ese explosivo periodo de desarrollo en que los niños aprenden el idioma, habilidades motoras y solución de problemas, entre otras cosas. El ritmo veloz al que ocurren estos cambios es asombroso, pero también puede ser agobiador para los cerebros pequeños. Un bebé llorón no es nada comparado con el comportamiento difícil y los berrinches comunes en los niños pequeños.
En su libro más reciente, “The Happiest Toddler on the Block” (El pequeño más feliz de la cuadra), Karp trata de enseñarles a los padres las habilidades para comunicarse con niños propensos a hacer berrinches y lograr tranquilizarlos.
Karp señala que en términos de desarrollo cerebral, un pequeño es una criatura primitiva, instintiva e impulsada por las emociones, que aún tiene que desarrollar las habilidades de pensamiento que definen a los humanos modernos.
La lógica y la persuasión “carecen de significado para un neanderthal”, comentó Karp.
El reto para los padres es aprender a comunicarse con el cavernícola en la cuna. “Todos nos volvemos más primitivos cuando nos enojamos”, dijo Karp. “Los pequeños comienzan siendo primitivos, así que cuando se disgustan, se portan como seres del periodo jurásico”.
El método de Karp para la comunicación con los niños pequeños no es para las personas vergonzosas. Implica rebajarse, tanto mental como físicamente, al nivel de un niño cuando él o ella está molesto. La meta es no ceder a las exigencias de un niño, sino comunicarse en su idioma.
Esto significa usar frases cortas con repetición y reflejar las emociones del niño en el tono y las expresiones faciales de uno. Y, lo más difícil, significa repetir las mismas palabras que usa el niño, una y otra vez. Por ejemplo, un pequeño que hace un berrinche por una galleta podría chillar:
“La quiero. La quiero. Quiero galleta ahora”. Frecuentemente, un padre adoptará un tono tranquilizador al decir, “no, mi amor, tienes que esperar hasta después de cenar para comer una galleta”. Tal respuesta empeorará las cosas.
“Es amorosa, lógica y razonable”, dijo Karp, “y enfurecedora para un pequeño. Ahora tiene que volver a decirlo con más fuerza y más alto para lograr que uno comprenda”.
Karp adopta una voz infantil y tranquilizante para demostrar cómo responder a las exigencias de una galleta de un niño pequeño. “Quieres. Quieres. Quieres galleta”. Dices, ‘galleta, ahora. Galleta ahora’”.
En su DVD, Karp demuestra el método. En cuestión de segundos, los pequeños bañados en lágrimas se tranquilizan y lo miran perplejos mientras él les repite sus demandas. Una vez que el niño se ha tranquilizado, el padre puede explicar la razón por la negativa, ofrecerle consuelo al pequeño y darle una alternativa atractiva a la exigencia original.