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Estamos con las víctimas, no con los terroristas |
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Recientemente nuestro Presidente ratificó la política ecuatoriana de no considerar terroristas ni insurgentes, ni beligerantes a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Él dice que de esta manera mantiene la neutralidad frente a un conflicto ajeno. Pero dada la coyuntura política regional, esto no es cierto.
Aunque estoy de acuerdo con que Ecuador se mantenga al margen del conflicto interno colombiano, la neutralidad no debería significar el silencio frente a los crímenes de lesa humanidad que esta organización, o cualquier otra que venga en su lugar, cometa en Latinoamérica o en cualquier otra parte del mundo. Como ecuatorianos, y porque no quisiéramos que un grupo así de violento e inescrupuloso alguna vez tome fuerza en nuestro país, deberíamos manifestarnos a favor de las víctimas.
Según la definición del diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, el terrorismo es la “dominación por terror” o “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir el terror”. ¿Acaso las bombas en lugares públicos, los más de 700 secuestrados y la tortura no infunden el terror? Las FARC, como también el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros grupos paramilitares colombianos, a través de sus actos de violencia buscan dominar valiéndose del miedo.
En una democracia se debe tolerar todo menos la violencia como método de cambio. Las FARC son una organización terrorista a la cual no se le debe permitir ganar un espacio legítimo en el escenario político de una democracia. Como lo dice el colombiano Andrés Mejía-Vergnaud, director ejecutivo del Instituto Libertad y Progreso: “la democracia solo puede sobrevivir si cierra las puertas a la política que se hace mediante la violencia y las armas, sin importar que esas expresiones armadas y violentas sean realidades políticas, como efectivamente lo son… La idea contraria es hoy abanderada por un gobierno que profesa una ideología totalitaria y unas intenciones expansivas (léase Hugo Chávez), y por unos políticos oportunistas”.
Latinoamérica es una región políticamente polarizada hoy en día y la intervención del Presidente venezolano en el conflicto interno de Colombia ha hecho que la posición “agnóstica” del Ecuador frente a las FARC deje de ser neutral.
Hoy estamos, como país, negándonos a reconocer el sentimiento de alrededor de 4,8 millones de colombianos que se manifestaron el 4 de febrero con la consigna “No más secuestros, no más mentiras, no más muertes, no más FARC”. Y esta consigna se repitió ese día en más de 120 ciudades alrededor del mundo, desde Tokio hasta París y Nueva York. Ese día las FARC sufrieron un repudio de la sociedad civil dentro y fuera de Colombia sin precedente.
Como ecuatorianos hemos tenido la fortuna de no sufrir el terror de un grupo terrorista como las FARC o el ELN o Sendero Luminoso. Tuvimos una pequeña muestra con Alfaro Vive Carajo pero, afortunadamente, ese grupo no logró imponerse. Sin embargo, no estar del lado de las víctimas del terror en Colombia podría resultar en que cobre legitimidad dentro de nuestra democracia esa manera violenta y sangrienta de promover cambios.
Los ecuatorianos deberíamos manifestarnos a favor de las víctimas y en contra de terroristas como las FARC. Pero como tenemos un Gobierno que carece de convicción democrática, no esperemos que lo haga por nosotros. |
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| Miguel Ángel Cabodevilla |
Nuestra invitado | |
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Para los próximos 23 y 24 de febrero la fundación Pro-Bosque y la Cruz Roja del Guayas han organizado un campamento de supervivencia, cuyo costo es de $ 40.
Dirección: Primero de Mayo y Avenida Quito. Informes: 287-4946 y (09) 413-5730. |
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