En el atraco el criminal preguntaba quién más quería arriesgarse a morir en micro de Zaracay.
Gladys Demera lloraba en silencio ayer, mientras recordaba que el sábado a las 13:00 fue la última vez que habló con su hijo Luis Aldalberto Mero Demera (38), un sargento de la marina que fue asesinado un día después durante un asalto a un bus de transporte Zaracay, que partió de Santo Domingo de los Tsáchilas, donde ella reside.
Ayer, intempestivamente debió dejar su casa de campo en la finca Rancho San Carlos para viajar a Guayaquil, adonde fue llevado su hijo, que recibió dos tiros antes de que su asesino grite: “¡Ya matamos a uno, cuál es el siguiente!”. Lo contaron otros pasajeros, quienes dijeron que Mero intentó enfrentar a los ladrones, e incluso forcejeó con uno de los cuatro.
Para los pasajeros del bus, la pesadilla del asalto empezó a las 18:30 del domingo, cuatro horas después de haber salido de la terminal terrestre de Santo Domingo, donde se habrían embarcado dos delincuentes. “Los otros se subieron en Babahoyo”, dijo Richard Varela, chofer del micro, placa PZI-511.
Cuando cruzaron la estación del peaje de Jujan los hampones se levantaron de sus asientos y comenzaron a desvalijar a los pasajeros y, como para asegurarse de no ser detenidos por alguna víctima, golpearon brutalmente a los hombres, sobre todo a los más fornidos.
Tomaron el control del bus por quince minutos, lo que duró el atraco, y obligaron al chofer a manejar apuntándole con un arma a la garganta.
“No se cómo no me atacaron los nervios, pero después que se bajaron no podía moverme”, dijo Varela.
Tras robar y asesinar a Mero, los delincuentes descendieron en un sector conocido como Cruce de Milagro, donde Varela empezó la carrera en busca de atención médica para Mero. En el camino no había ningún policía. Recién al llegar al peaje ubicado a pocos metros del Puente Alterno Norte hallaron una ambulancia, pero ya era tarde, Mero había muerto.
Patricio Mena y José Macías, dos de los seis agredidos, mostraban indignados las heridas que los delincuentes les hicieron en la cabeza con las cachas de revólveres, mientras eran atendidos.
“Fue terrible, pensé que me matarían. Lo único que hice fue abrazar a mis hijos mientras me seguían golpeando, mi familia lloraba y pedía que no me mataran”, relató Mena, mientras Macías buscaba la forma de seguir su viaje hacia Guayaquil. “Regreso con seis puntos de sutura y varios chichones en la cabeza, pero vivo”, comentó.
Dos décadas
Luis Adalberto Mero Demera había nacido en Charapotó, Manabí, era padre de dos hijos (20 y 9 años) y tenía 20 años de marino mercante.
Sin arma
Su madre, Gladys Demera, y su esposa, Isabel Coronel, dijeron que al uniformado no le gustaba andar con armas, por eso no creen que haya querido enfrentar a los ladrones, aunque es probable que haya reaccionado cuando intentaron agredirlo.