Éstos deberían ser de los mejores momentos para Venezuela, gracias a la bendición de poseer las reservas petroleras convencionales más grandes fuera del Medio Oriente y los precios del petróleo casi a alturas récord.
Sin embargo, los problemas económicos y sociales del país últimamente se han vuelto tan agudos que el Presidente Hugo Chávez está en proceso de enfrentar una arremetida poco común de críticas, incluso de sus propios partidarios, con respecto a su manejo del país.
En un extraño revés, los oponentes de Chávez son los que parecen tener el ímpetu político ahora que abandonan las políticas de abstención y preparan a docenas de candidatos para las elecciones regionales clave. Chávez, quizá por primera vez desde una elección de destitución, en 2004, está cada vez más a la defensiva al tiempo que se ve que sus esfuerzos por llevar a Venezuela hacia el socialismo no logran abordar una creciente lista de preocupaciones, como delitos violentos y escasez de alimentos básicos.
Aún cuando el Presidente sigue siendo la figura política más poderosa de Venezuela, su autoridad muestra señales de deterioro.
En enero, empezaron a aparecer pintas en la capital, algo inconcebible hace unos meses, que decían: “Diosdado Presidente”, una muestra de apoyo hacia una posible postulación presidencial por parte de Diosdado Cabello, partidario de Chávez y gobernador del populoso estado de Miranda. Brotes de fiebre del dengue y de enfermedad de Chagas han alarmado a las familias que viven en el corazón de Caracas. Los temores de una devaluación de la nueva moneda, llamada “bolívar fuerte” incitan a la fuga de capitales.
Este año, aunque la economía quizá crezca el 6 por ciento, impulsada por los altos precios del petróleo, la producción en los campos petroleros controlados por la paraestatal, Petróleos de Venezuela, ha disminuido.
De hecho, algunos economistas ven que se desarrolla un lento desmoronamiento económico. Pero ahora que Chávez comienza su décimo año en el poder, cada vez se le dificulta más culpar a los gobiernos anteriores por el malestar.
Esto es cierto particularmente en las áreas pobres, donde los electores no apoyaron al Presidente en diciembre, en un referendo sobre una reestructuración constitucional que habría incrementado enormemente los poderes de Chávez, una derrota punzante de la que el Presidente aún no se ha recuperado.
El contraste entre el idioma revolucionario y el consumo de artículos de lujo importados, por parte de una nueva élite partidaria del gobierno de Chávez, conocida como los “burgueses bolivarianos”, ha llevado al cuestionamiento de las prioridades de su movimiento político.
Pedro E. Piñate, asesor agrícola en la ciudad de Maracay, dijo: “Vivimos en dos países, uno habitado por autoridades que piensan que pueden alterar la realidad al enviar soldados a intimidar a los ciudadanos. El otro, donde el resto de nosotros vivimos con el temor de ser asesinados o secuestrados o que nuestros negocios sean confiscados”.
Tras el reciente brote de dengue, que alcanzó a su gabinete al infectar al Ministro de Cultura, Francisco Sesto, el Presidente no reestructuró el sistema de salud pública. En lugar de eso, pidió una investigación de afirmaciones de que la enfermedad, propagada por los mosquitos, quizá haya sido alterada en una cepa más virulenta, como parte de un ataque a Venezuela por parte de enemigos no identificados.
A medida que se acumulan estos problemas internos y económicos, Chávez enfrenta este año una nueva prueba en las elecciones estatales y municipales, con una oposición revigorizada. Aún más impredecibles son las dinámicas dentro del propio movimiento del Presidente, con candidaturas insurgentes que buscan desafiar el status quo. Chávez tampoco ha renunciado a sus esfuerzos en el extranjero para intensificar alianzas con líderes con ideas afines.
Por ejemplo, aún cuando Venezuela lucha contra un déficit de plataformas de perforación petrolera, el gobierno ha enviado dos a Ecuador, cuyo Presidente Rafael Correa es partidario de Chávez.
“Veo que Chávez viaja y viaja al extranjero, y el dinero termina en otra parte”, dijo Jesús Camacho, de 29 años, quien vende café en la calle, en Catia, área de barriadas, y gana unos ocho dólares diarios.
Camacho dijo que siempre había votado por Chávez, pero últimamente había perdido la fe en la política.