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Fue a retirar dos televisores y usaron su nombre para otra carga |
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| José Eduardo Farra, ecuatoriano cuya identidad y número de RUC fueron utilizados para enviar una carga desde Miami. | | |
| Febrero 15, 2008
Tramitadores en la Aduana del aeropuerto utilizan de forma ilegal datos de un usuario.
El 21 de enero pasado, cuando el ecuatoriano José Eduardo Farra Égüez llegó a esta ciudad procedente de Miami, EE.UU. –donde reside desde hace ocho años–, para pasar unos meses con su familia, no imaginó lo que le sucedería luego y que lo llevaría a denunciar la usurpación de su identidad y a rechazar una carga que, aunque vino a su nombre, no era para él.
En oferta, Farra adquirió en Miami dos televisores (marca Dynex) de 32 pulgadas en 249,99 dólares cada uno, y así traerlos al país para uso personal. En Miami, en la compañía Lan Chile, le dijeron que no podía viajar con ellos como efectos personales y que los mandara por carga. Así, el 18 de enero envió los dos televisores para retirarlos él mismo cuando estuviera aquí.
Fue el 25 de enero, cuando llegaron los televisores, que comenzó un calvario de trámites para poderlos sacar de la Aduana. Ese mismo día, de Lan Carga lo enviaron a zona de carga de la Aduana. Sin embargo, aun estando en las instalaciones de Lan Carga, un hombre se ofreció a sacarle la mercadería, porque, según dijo, iba a necesitar un agente aduanero. Ese hombre era Arturo Ríos, quien, pese a la negativa de Farra, no se “despegó” de él hasta que por cansancio, debido a todas las trabas que le ponían, terminó por aceptar sus servicios. Ríos, con una credencial, se presentó como auxiliar del agente aduanero Alfredo Villacís.
“Yo pretendía hacer solo el trámite porque un agente aduanero amigo de un primo nos había dicho que en la CAE (Corporación Aduanera Ecuatoriana) le habían indicado que podía sacarlos como Declaración Aduanera Simplificada (DAS), porque el valor era menor a 1.000 dólares y el peso menor a 100 kilogramos”, comenta Farra. En los papeles de embarque los televisores constan con un peso de 38 kilos y un valor de 500 dólares.
Cuando Farra fue a pedir el formulario para llenar la DAS, “en servicio al cliente me dijeron que no sabían qué era eso; me mandaban de un lugar a otro, pero siempre me devolvían a servicio al cliente, donde me dijeron que al no tratarse de efectos personales, que en este caso solo podía ser un televisor de hasta 14 pulgadas, debía conseguir los servicios de un agente aduanero”.
Según los reglamentos de la CAE, para importaciones solo se necesita la intervención de un agente de aduana cuando las mercancías sobrepasen los 2.000 dólares. Al usar un agente de aduana, Farra debía llenar la Declaración Única Aduanera (DAO), pagar derechos arancelarios y obtener un RUC.
Así, el lunes 28 acudió a las oficinas del Servicio de Rentas Internas (SRI) para obtener un RUC, donde después de explicar para qué lo necesitaba le pusieron que su actividad era la venta e importación de electrodomésticos. Ya con RUC volvió a la Aduana, donde Ríos nuevamente lo abordó, y ya Farra a esas alturas le dijo: “Necesito sacar esto de aquí”.
Con el objeto de sacar el manifiesto (formulario que contiene la información de la carga), “Ríos le dio mis papeles: copia de cédula, RUC y la guía, a John García, un ayudante de él”.
Entre varios requerimientos, Ríos le pidió hacer otra factura. “Me dijo que había que cambiar la factura por 350 dólares cada televisor porque si no hacía eso tenía que pagar una multa por haber mentido, porque la verificadora no iba a creerlo, a lo que le dije que no estaba mintiendo, que estaba mostrando la factura original por 249,99 dólares. Ríos insistió en hacer otra factura porque de lo contrario debía pagar la multa y el trámite se demoraba más”, dice Farra, quien finalmente tuvo que pagar derechos arancelarios sobre 700 dólares y no por 500; en total, 358,55 dólares. A eso se suma lo que pagó por el flete, al agente aduanero, auxiliar y otros trámites, casi 1.000 dólares. “Más barato me salía comprar los televisores acá”, dice.
El viernes 1 de febrero, cuando Farra esperaba sacar los televisores, recibió una llamada de una empleada de Lan Carga, quien le indicó que le había llegado una nueva carga de Miami. “Yo no estaba esperando ninguna carga, así que fui a Lan y pedí la guía. La carga era enviada por G&J International (empresa de carga de Miami); según la guía contenía asientos de cuero, teléfonos y accesorios por un peso de 500 kilogramos y un valor de 3.500 dólares. Tenía mi dirección en Guayaquil, mi número de RUC y no tenía mi número telefónico, sin embargo, la empleada de Lan me dijo que me llamó porque se acordaba de mi número por la anterior guía”.
Farra enseguida notificó por escrito a Lan que no era el consignatario de esa carga. “Además llamé a G&J International, expliqué lo que sucedía, quedaron en volverme a llamar y no lo hicieron. Quien sí me llamó fue John García, ayudante de Ríos, quien me dijo: ‘Disculpe, es que se me traspapelaron sus papeles y por eso se me fue su nombre’”, cuenta Farra, y añade que entonces se dio cuenta de que cuando Ríos le dio sus papeles a García en la Aduana “se aprovechó de la situación”.
Otra llamada que recibió fue la de Carlos Ordóñez, quien señaló que era el verdadero dueño de la carga. “Dijo que era otra víctima de García, quien le dijo que lo único que tenía que hacer era pagarle y él se encargaba de traer la mercadería.
Tanto García como Ordóñez insistieron en que no denunciara el caso, que ellos iban a arreglar las cosas”.
El pasado miércoles Farra puso la denuncia en la Fiscalía y en la CAE, y aún no conoce el contenido real de la carga.
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