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La crisis bancaria fue una de las heridas más graves que se le pudo infligir a nuestra economía y estabilidad social; pero no exageramos al afirmar que más daño produjo aún la frustración posterior, cuando casi ninguno de los culpables recibió el castigo que merecía y, por el contrario, la población supo cómo disfrutaban cómodamente de sus millonarias ganancias instalados en el extranjero. Por eso, si en los próximos días y semanas esta actitud del Ministerio Fiscal se traduce en hechos concretos y las extradiciones avanzan, habremos dado un paso muy importante para que la impunidad deje de reinar y la Justicia se independice de influencias partidistas.
Pero cabe también hacer un alerta en la dirección opuesta, ya que una nueva frustración por este asunto agravaría aún más el escenario de corrupción e inestabilidad nacional.
El Ministro Fiscal tiene pues una responsabilidad que va más allá de sus obligaciones legales. El país estará atento de que haga honor al compromiso que ha adquirido.
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