Una pequeña mesa llena de velas, estampas de Jesús y fotos de Wilson Gancino y de su hija Jéssica, es el homenaje póstumo que les realizan sus familiares que viven en el barrio Lucha de los Pobres, al sur de Quito.
José Usulla, cuñado del occiso, no oculta su desazón por la decisión de la esposa, Griselda Ortega, de no trasladar los cuerpos al Ecuador. “Lo queríamos tener el momento del último adiós. Él (Wilson) tenía previsto venir en dos años porque extrañaba su tierra”.
Su sobrina Paola Mejía recuerda cuando su prima Jéssica vivió con ella dos años. “Ella era tierna y dulce, pero se fue y nunca más volvió. Quería estudiar belleza en España con el apoyo de mi tío”, cuenta.
La última vez que Gancino visitó Ecuador fue hace un año, tiempo que se dedicó a divertirse con sus familiares, a jugar fútbol y volei. “Nunca olvidaré su bondad y su alegría”, dijo Luis Ortega, otro cuñado.
Gancino, oriundo de Pujilí (Cotopaxi), laboró en la fábrica de cueros Coidesa. Antes de irse edificó su casa en el barrio Lucha de los Pobres. Hace once años viajó a España solo, luego su esposa y sus tres hijos.
Ayer, a las 18:00, los vecinos organizaron una misa en honor de Wilson y su hija en la iglesia Virgen del Cisne.