¿Ha experimentado la sensación de tener que convencer y dar una explicación de una verdad que para usted es absolutamente evidente?
No sé si le pasa lo mismo que a mí, pero en realidad tengo que hacer un esfuerzo de concentración para no quedarme inmersa en el asombro de imaginar la razón por la cual la otra persona tiene dudas frente a tan innegable verdad.
Eso es lo que hemos estado sintiendo los colombianos especialmente en los últimos meses. Si usted es perceptivo y ha hablado con un colombiano respecto a la posición de algunos defensores o por lo menos simpatizantes de la “causa” de las FARC, debió haber percibido esa sensación de asombro de la que estoy hablando.
Creo que muchos de nosotros, sin considerarnos puritanos, tenemos esa misma sensación ante las evidencias diarias de una sociedad enferma y en vías de destrucción, últimamente el mundo entero está presenciando el fenómeno del que se lamentaba el Creador en este versículo de la escritura: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno y a lo bueno, malo! Consideran las tinieblas como luz y la luz como tinieblas. Consideran lo amargo como dulce y lo dulce como amargo”. ¿Será que el ser humano se ha vuelto adicto a la aprobación?
Para nosotros, los colombianos, esto cobra cada vez más sentido; para nosotros, los colombianos, este es un momento importante de reflexión colectiva, es un alto en un camino tormentoso y desenfrenado en el cual algunas veces nos hemos confundido y hasta nos hemos perdido.
Es momento de aquietar la mente, pero agitar los corazones para poder retomar las verdades tal y como son, lo malo es malo y lo bueno es bueno, al mal hay que cortarlo de raíz, no es posible negociar con el mal sacrificando los principios. Los colombianos nos preguntamos: ¿qué es lo que estamos negociando? ¿Qué es en realidad lo que quieren las FARC? ¿Toda esta atrocidad en realidad busca algo diferente al negocio que significa tomar el poder por la fuerza para enriquecerse de la manera más cruel?
Nosotros, los colombianos, hacemos un llamado de alerta al mundo, el tema de las FARC es uno, pero hay otros, no menos graves aunque sí más disfrazados. En el fondo la tiranía es el espíritu que mueve a estos grupos y a todos los grupos, individuos o naciones que ignoran el principio de que lo bueno es bueno y lo malo es malo. Estemos alertas a los brotes de tiranía, desde nuestras familias hasta nuestras naciones.
La historia no miente; nunca la altivez, la soberbia, la fuerza, las armas, los secuestros, los asesinatos, la mentira ni ninguna otra manifestación del mal han producido finalmente buenos frutos.
El lunes 4 de febrero los colombianos en el mundo dijimos a una voz: nosotros no somos el pueblo del cual las FARC pretenden ser el ejército; nosotros, los 44 millones de colombianos, no nos identificamos con nada de lo que las FARC han dicho o hecho, ellos no son voceros de ningún colombiano de bien, por más desvalido, pobre, discapacitado o ignorante que sea.
Nosotros, los colombianos, no sentimos odio ni resentimiento contra quienes apoyan a las FARC o contra quienes son permisivos o indiferentes con sus atrocidades, lo que sentimos es lástima anticipada por ellos, lástima por lo que presenciaremos en lo que respecta a su futuro: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno y a lo bueno, malo!”… no lo vaticinamos nosotros, pero sí lo sabemos.
En Guayaquil, más de 1.200 colombianos y ecuatorianos amigos que se identifican con nuestro sentir marchamos juntos y simultáneamente con los colombianos en todas las ciudades de Colombia y en más de 130 ciudades en el mundo, fuera de día o de noche, nevando o en pleno sol.
Desde lo más profundo de nuestro ser este es el mensaje que transmitimos al mundo: no queremos a las FARC, exigimos la liberación unilateral de todos los secuestrados; los guerrilleros que aún tengan algo de conciencia, desmovilícense; los otros, aténganse a la mano firme de todas las naciones del mundo. Lo que hicimos fue expresar al mundo nuestro cansancio, Colombia está cansada de que aún haya países en el mundo que por falta de información opinen que las FARC representan la lucha del pueblo colombiano. Para nosotros que somos el pueblo colombiano, los integrantes de este grupo terrorista no son más que un puñado de asesinos que se financian con el narcotráfico y que juegan con el dolor para exigir privilegios que no merecen.
¿Cómo puede alguien sensato pensar algo diferente? ¿Todo lo que hemos visto de las FARC no es acaso la mayor prueba de una verdad innegable? ¡Cómo es posible que aún tengamos que explicar esa verdad!
* Ex consulesa de Colombia en Guayaquil