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Los escaparates se vuelven rosa y la estética cada año se pone peor con cursilerías y angelitos gordos desnudos que “flechan” a las parejas… De los febreros que me acuerdo, hemos pasado por todas las etapas…
Las tarjetitas de billetera reochenteras que eran de plástico y personajes tipo Ziggy diciéndote ‘best friends for ever and ever’ o las de Snoopy sonrojado, todo enamorado, que no se atrevía a mucho más que presentar una flor arrancada en su mano (en los ochenta los teens éramos más recatados).
Luego cuando ya tenía unos 16 años resulta que lo ‘in’ era hacerle a tu pareja el regalo, léase juntar todas las fotos que tenemos desde el día que nos conocimos hasta hoy (a veces eran solo tres meses) e intercalarlo con los tiques de entrada al cine, el recibo de la primera salida, la etiqueta de la Pílsener que se tomaron juntos, en fin, más que álbum era como basurero pero eso sí, bien lleno de notitas y cariñitos…
Ya para el inicio de la vida universitaria uno se iba poniendo audaz y lo que se usaba era escaparse con el novio ese día a la playa… el asunto es que siempre terminaba en problema porque un primo mayor te veía, o esas tías sin oficio que se quedaban toda la temporada le contaban a la mamá de uno y se armaba el gran lío.
Para el final de la época universitaria uno ya se había leído algunos libros y estaba en esa etapa que uno no puede depender de un fulano para estar bien y hay cierta rebelión con el tema, entonces se organiza la gran chupa de compañeros, todo el mundo borracho después de clases, saltando de una discoteca a la otra farreándosela entera y con múltiples parejas… era la época del siempre acertado Ricky Martin ¡living la vida loca!
Cuando uno ya está trabajando, lo que se impone es el gran almuerzo de amigos de oficina, porque el San Valentín está desprestigiado ya a los 25 años, uno ya no es cursi ni romántico, todos los hombres son iguales, ahora que tenemos independencia económica salimos a almorzar en patota y en la noche a un bar con todas las amigas luciendo espléndidas…
El año pasado, con tanto trabajo, la fecha se me pasó sin darme cuenta, y a última hora nos juntamos a un rápido fondue cinco amigos y listo. Luego a un barcito del centro, escuchando buena música ni nos percatamos de la fecha…
Lo grave de esto es que luego de todo el recorrido uno como que no aprende y heme aquí planeando la supercena con mi novio y dos parejas de amigos, con una complicada receta, un buen vino, y comprando regalito, bien envuelto pero igual, de una u otra forma, entregada en el consumismo de los corazones, las flechas, y cupido… ¿Qué hice mal?