Lo que primero fue una remota idea se convirtió en poco tiempo en una realidad. Cuatro chicos universitarios decidieron apostar el todo por el todo y poner un bar, negocio completamente nuevo para ellos, pero que desde el principio se manejó con gran soltura. “Queríamos un lugar diferente, donde pasar un rato con amigos y ofrecerle al público en general buena atención, música diversa, grupos en vivo en un ambiente moderno y cómodo con una decoración de primera”, explica Hugo Castro, uno de los propietarios; los otros socios son Nicolás Paulson, Juan Pablo Sandoval y Francisco Guevara.
En primer lugar buscaron el sitio apropiado, lo querían definitivamente en la Zona Rosa, por ser céntrico, donde todos, propios y turistas, tuvieran fácil acceso. Segundo, informarse bien sobre este tipo de negocios para no dar pasos en falso, y tercero, buscar una decoradora para lograr un buen efecto. Así, Gisella Saporitti, conocida diseñadora de interiores, se hizo cargo del proyecto jugando con tres colores: negro, blanco y rojo, suficiente para dar luz, encanto y sobriedad. El diseño de los muebles y bancos fue creado por ella, tomando en cuenta la comodidad y al mismo tiempo la versatilidad y modernismo que debían guardar para con pocos elementos lograr una decoración armoniosa, ya que de adornos ni hablar, pues desde el nombre del local te indica que estás por ingresar a un ambiente minimalista, muy actual con las tendencias de hoy.
Los murales de las paredes de estilo selvático dan puntos extras a la ambientación, unido al ánimo de los clientes que bailan por doquier.
Si bien ellos pensaron que les iría bien, nunca imaginaron que a dos meses de haber abierto tendrían casa llena de miércoles a sábados, con un público joven que espera por la diversión.
Padre Aguirre 222 y Panamá.