lunes 04 de febrero del 2008 Columnistas

¿El nombre de Dios en la Constitución?

Pregunto, sugiriendo a los honorables asambleístas que incluyan esta pregunta en un contenido más amplio: ¿Para quiénes redactarán la Constitución? Circulan varios proyectos; en la mayoría de ellos no se invoca a Dios expresamente. ¿Han pensado sus redactores que la inmensa mayoría de los destinatarios de la Constitución invoca a Dios?

Los redactores que suprimen a Dios representan ciertamente a una minoría. Esa minoría tiene derecho a una ideología, según la cual su “dios” es solo proyección de deseos insatisfechos, o un ser que debe ser encerrado, porque no tiene sitio  en la sociedad. Tienen derecho a esa ideología; pero no tienen derecho, ni siquiera de pretender imponerla a la inmensa mayoría de los ecuatorianos.

Sugiero respetuosamente a los honorables asambleístas que, independientemente de los redactores, acepten la responsabilidad irrenunciable de preguntarse con libertad, en el momento de su voto, si responden o no a la voluntad y bien de los ecuatorianos. Los asambleístas, ni de mayoría ni minoría, han recibido una hoja en blanco, para escribir en ella lo que ellos quieran, o libremente, o presionados por ideologías superadas, sino para orientar a los ecuatorianos hacia un crecimiento integral. Solo así la Constitución, más allá del eslogan, será de todos.

Se ha hecho notar que un grupo minoritario, también dentro de la mayoría, quiere prescindir de Jesucristo; tiene derecho de invocar a los chamanes, pero no en nombre de todos los ecuatorianos.

Repito que planteo la pregunta principalmente para señalar que todo el contenido de la Constitución debe responder a la identidad y a la necesidad del pueblo ecuatoriano, sediento de una libertad creativa y responsable, de igualdad de los ciudadanos ante la ley, también en lo referente a una educación de calidad, fruto de libertad. Pueblo sediento de respeto a la vida y a la familia, pueblo que exige canales que ayuden a producir más y a distribuir mejor. Pienso que los asambleístas de mayoría y de minoría pueden coincidir y unirse en estos valores, que robustecen la identidad ecuatoriana.

No hay que turbarse porque una minoría se resista a transformaciones que favorezcan la igualdad y la corresponsabilidad. La minoría, aceptando que es minoría, no puede pretender imponer sus puntos de vista que acompañan a veces a sus intereses. La mayoría de asambleístas fundamentaría la durabilidad de la nueva Constitución, preguntándose en cada tema importante, si refleja o no a la mayoría que más importa, la mayoría del pueblo ecuatoriano. La mayoría no pude dejar de lado aportes de la minoría, sustentados en los valores humanos antes señalados.

Tengan en cuenta los asambleístas que hay un elemento democráticamente fundamental, ausente en la aprobación de las anteriores constituciones: el Referéndum de aprobación o desaprobación del proyecto redactado por ellos…

Para que podamos votar conscientemente, es indispensable conocer los argumentos a favor o en contra, si es posible, de cada artículo, ya redactado, o que la Asamblea redacte.

Información diáfana de la elaboración y del contenido de la Constitución es indispensable para una propaganda seria por el Sí.
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