¿Tan importante es Armando Paredes para las aspiraciones institucionales de Emelec? ¿Qué ganó? ¿Alguna vez fue campeón de algo? ¿Resultó goleador de una Copa Libertadores? ¿Clasificó a Ecuador a un Mundial? Nada lo exime de sus desplantes.
Dos perlas se han sumado en la semana a lo que ya casi parece una sección fija, cuyos protagonistas son los jugadores (podríamos llamarla, irónicamente, “la parte más noble del fútbol”). Una, la del arquero de San Lorenzo, Agustín Orión, quien tuvo un lapsus de primitivez en un partido de verano frente a River Plate.
El atacante colombiano cargó con su habitual potencia para buscar un centro y pasó a milímetros de Orión. Es cierto, fue con brío, casi con intrepidez y con una energía llamativa, pero no lo tocó. El arquero reaccionó con inusual desmesura, profiriendo una amenaza propia de la mafia: “La próxima te vas al hospital… Te arruino la rodilla, ¿me entendiste…?”.
El audio de la televisión captó las palabras, que fueron muchas más, mientras el correctísimo futbolista colombiano (que es miembro de los Atletas de Cristo) solo atinó a agachar la cabeza y dejar pasar la intimidación.
Orión no podía negar lo que el audio reprodujo con fidelidad, pero lo arregló con el consabido “son cosas del fútbol”.
La otra joya estuvo a cargo, como ustedes saben, de Armando Paredes, quien en su inconducta número mil pateó el botiquín del médico de su club, amenazó al preparador físico Duffer Alman (un caballero), boxeó con un compañero y por último agravió a su entrenador con un “argentino de m…, h. de p., te voy a hacer sacar del país, te voy a matar”.
Era una imperdible oportunidad para tomar una medida ejemplar con este individuo; en cambio, la dirigencia de Emelec lo premió, podría decirse que lo condecoró quitándole apenas medio sueldo y mandándolo un tiempito a entrenar con los juveniles (¡pobres!).
¿Tan importante es este jugador para las aspiraciones institucionales de Emelec? ¿Qué ganó Paredes? ¿Alguna vez fue campeón de algo? ¿Resultó goleador de una Copa Libertadores? ¿Clasificó a Ecuador a un Mundial? Y aun si hubiese logrado todo eso, no lo exime de sus desplantes e indisciplinas. Hasta el propio Paredes debe estar desconcertado, preguntándose: “¿Qué tengo que hacer para que me echen del fútbol… matar a un dirigente…?”.
Hace tiempo que los futbolistas se han adueñado por completo del fútbol. Los técnicos les tienen pánico, porque, ya se sabe, si se les pone el vestuario en contra, duran quince minutos. Los dirigentes ni siquiera se atreven a hablarles. Los periodistas callan porque, caso contrario, luego no les dan entrevistas (debe ser importantísimo conocer las sesudas reflexiones de Paredes…).
En la semana, los futbolistas obtuvieron una victoria más, de las tantas que consiguen en estos tiempos: el TAS, un Tribunal de Resolución de Disputas independiente al que la FIFA eligió someterse (ahora se debe agarrar la cabeza), determinó que un futbolista puede romper unilateral, prematuramente y sin causa justificada su contrato laboral a cambio de una suma insignificante.
Esto fue a raíz de que Andy Webster se fue de su club, el Heart, de Escocia, teniendo contrato en vigencia. La FIFA fijó una compensación de 625.000 libras esterlinas, pero el TAS la bajó a 150.000, con lo cual abrió la puerta para que cada jugador que recibe una oferta superior a su salario actual, se fugue de su club pagando un valor mínimo.
La FIFA se ha declarado “consternada” con el fallo y lo consideró “sumamente perjudicial para el fútbol”. La medida es gravísima. Y es de las que en América Latina no tienen difusión porque se piensa que “esas cosas acá nunca llegarán”. Pero sí llegan, tengan un poco de paciencia y verán casos espeluznantes.