- ENE. 22, 2008 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
En su cadena radial del sábado 19 de enero, Rafael Correa Delgado, cobardemente se refirió a mi señora madre, Margarita Arosemena, como una “vieja” y la acusó de ni siquiera conocer los barrios del suburbio.
La lengua incontinente del señor Correa, olvida de dónde ha sido rescatada la mayoría de los miles de enfermos que han sido atendidos en la Casa del Hombre Doliente, desde que abrió sus puertas en 1993, gracias a la tenacidad de mi señora madre, para ocuparse de ancianos indigentes con enfermedades incurables. Esto fue hace más de 14 años, cuando el inexperto Correa aún llevaba vida estudiantil. Quizás por eso se refirió así a ella, porque le molestan los años de trayectoria al servicio de los más necesitados, que la convierten en una ciudadana proba, tan intachable que al atacarla Correa lo único que ha podido es referirse a sus años de vida.
Si mi madre fuese “vieja”, cosa que no considero, señor Presidente, entonces sus palabras han sido doblemente miserables al faltarle el respeto a una mujer y a un adulto mayor. ¿Le gustaría a usted señor Presidente que a su señora madre le faltasen así el respeto? Usted se permite cobardías como esta amparado en la “omnipotencia” de su popularidad. Recuerde que en su momento líderes como Hitler también tuvieron un apoyo apoteósico, pero enseguida la historia se encargó de cavarles un sitio en el infierno.
Galo Roldós Arosemena,
Guayaquil