Falta de alimentos y la paralización de los hospitales afectan a miles de palestinos.
La franja de Gaza, donde viven 1,5 millones de palestinos, estaba ayer al borde de una crisis humanitaria al entrar en el cuarto día del bloqueo que le impone Israel, decidido a estrechar el cerco hasta que cesen los disparos de cohetes contra su territorio.
La única planta eléctrica de Gaza, que cubre un tercio del consumo en la franja, dejó de operar al agotar sus reservas de combustible. Debido a la escasez de este circularon pocos vehículos y cerraron la mayoría de las panaderías. Los hospitales intentaron mantener sus servicios de emergencia y también se afectó la red de distribución de agua potable.
Khaled Radi, portavoz del Ministerio del Interior de Hamas, dijo que cientos de pacientes enfermos estaban en peligro porque no había combustible para los generadores de electricidad. También afirmó que las vacunas para los niños pronto iban a caducar porque no podían mantenerse frías.
El portavoz de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos advirtió que ese organismo suspenderá la distribución de alimentos a 860.000 personas en Gaza el “miércoles o jueves” si el bloqueo israelí continúa.
Organizaciones no gubernamentales como Oxfam, gobiernos europeos como los de Francia, España y Gran Bretaña, además de la Liga Árabe y el mandatario iraní, Mahmud Ahmadineyad, consideraron que Israel condenó el bloqueo y pidieron la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Analistas señalan que ambas partes sufren las consecuencias y que si fracasa el bloqueo la última alternativa de Israel para frenar el lanzamiento de cohetes sería invadir a gran escala.
A su vez, Hamas no puede gobernar con eficacia debido al cerco israelí a Gaza, cuyos habitantes se quejan por no tener servicios básicos.