Jack Fisk, diseñador de producción, se ha especializado en darles vida a mundos perdidos. En un sentido más literal que los cinematógrafos, los diseñadores de producción son responsables del aspecto de una película, al crear su realidad física, y los proyectos de Fisk tienden a ser más demandantes físicamente y más arraigados en la realidad que la mayoría. Fisk trabaja a gran escala, al combinar elementos de arquitectura y antropología.
Para la cinta “La delgada línea roja”, representación meditabunda de Terrence Malick de la batalla de Guadalcanal, construyó aviones caza de la Segunda Guerra Mundial y una aldea en Melanesia. Para “El nuevo mundo”, versión de Malick de la leyenda de Pocahontas, Fisk reprodujo el fuerte de troncos y edificaciones de adobe de Jamestown en el siglo XVII, no lejos del sitio real. Más recientemente, para el filme “There Will Be Blood”, epopeya de Thomas Anderson sobre un buscador de petróleo californiano (Daniel Day-Lewis), el diseñador evocó un poblado desértico a fines de siglo XIX, decorado con torres de perforación y barrenadoras, una versión crudamente poética del Viejo Oeste en proceso de sufrir sus primeras cicatrices industriales.
Fisk, de 62 años, quizá no sea el diseñador más prolífico, pues ha trabajado en menos de 20 películas. Sin embargo, es imposible dibujar una línea a través de los grandes cineastas de las últimas décadas, de Malick a Brian De Palma, David Lynch y Anderson, sin encontrarse con Fisk.
Ha sido el diseñador de producción en las cuatro películas de Malick, conoció a su esposa, la actriz Sissy Spacek, en la ópera prima de Malick, “Tierras malas” (Badlands, 1973). Su relación con Lynch data de hace mucho más (con él ha trabajado dos veces como diseñador de producción, en “Una historia sencilla” y “Sueños, misterios y secretos”). Se conocieron en tercer año de secundaria, compartieron un estudio de pintura mientras estaban en la escuela, en Alexandria, Virginia, y luego asistieron a la Academia de Bellas Artes Pennsylvania, en Filadelfia. Fisk realizó una aparición como el Hombre en el Planeta en “Cabeza de borrador” (1977), el primer largometraje de Lynch.
“There Will Be Blood” es su primera colaboración con Anderson, a quien rápidamente colocó en la misma categoría con Lynch y Malick. “Como muchas de las cintas en las que trabajo, no parece comercial”, dijo Fisk. “pero creo que dentro de 20 años la gente todavía estará hablando de ella, como lo hicieron con ‘Tierras malas’ y ‘Cabeza de borrador’”.
Mientras estaba en proceso de escribir el guión, Anderson tenía plena conciencia de que algunas escenas serían logísticamente intimidantes, pero “no quería dejar de escribir algo sólo porque no sabía cómo hacerlo”, dijo. “Tenía que decir: ‘Bueno, va a tener que haber una escena en un tiro de mina a aproximadamente quince metros de profundidad’. La primera vez que hablé con Jack, me dijo: ‘No tengo idea de cómo hacer esto, pero realmente quiero hacerlo’, lo que fue emocionante. Eso es exactamente lo que uno quiere oír de alguien con quien vas a trabajar”.
La primera decisión importante fue dónde filmar. Recorrieron Nuevo México, pero las locaciones, dijo Fisk, “no tenían esa apariencia dura que Paul buscaba”. En las afueras de Marfa, Texas, encontraron los paisajes abiertos y las condiciones apropiadamente inhóspitas. “Tenías calor, polvo, pumas y serpientes que te matarían”, dijo.
E l pueblo de L it t le Bos - ton, rico en petróleo, fue creado en un rancho de 24 mil hectáreas que fue seleccionado, en parte, por las vías de ferrocarril que lo cruzan. Fisk dijo que él y Anderson “pasaron dos días caminando” para entender la configuración del terreno. Entonces usó el programa de Internet Google Earth para obtener una vista aérea y determinar la colocación de las estructuras principales: una torre de perforación de 25 metros, un rancho familiar, la iglesia y una fila de construcciones que conforman el área comercial.
Fisk usó los planos de una torre de madera de 1916, con mínimas modificaciones, para la que aparece en la película.
Tenía que ser lo suficientemente fuerte para soportar carpinteros y actores y mantenerse firme ante los fuertes vientos, pero al final, dijo Fisk, “la instalación que construimos era tan fuerte que en realidad podríamos haber perforado”.
Él y Anderson han hablado de volver a hacer equipo. “Soy el diseñador con más suerte que conozco”, dijo Fisk. “Tengo una asociación con estos fabulosos artistas donde realmente no los cuestiono y ellos me dan mucha libertad.
Tengo la oportunidad de pasar un rato con los amigos y construir cosas”.
Anderson lo expresó de una manera aún más breve. “A Jack le gusta clavar en madera”, dijo, “y le gusta una buena aventura”.