El antiquísimo domo helado que cubre a Groenlandia es tan vasto que algunos pilotos se han estrellado contra lo que creían era un banco de nubes que abarcaba todo el horizonte. Cuando se le sobrevuela, es difícil imaginar que este hielo pudiera erosionarse con suficiente rapidez como para elevar peligrosamente el nivel del mar en un futuro más o menos cercano.
Sin embargo, a lo largo de los flancos, en primavera y verano, el panorama es muy diferente. Durante una serie cada vez más prolongada de años cálidos, un encaje de lagos azules y riachuelos de agua de deshielo se ha extendido a cada vez mayor altura en el casquete de hielo.
La superficie en deshielo se oscurece, lo que la hace absorber hasta cuatro veces más energía solar que la nieve sin derretir, que refleja la luz solar.
Desagües, llamados molinos, naturales llevan el agua desde la superficie hasta las profundidades. El proceso lubrica y acelera ligera pero perceptiblemente el abrasivo caminar del hielo hacia el mar.
Lo más importante, dicen muchos glaciólogos, es la disolución de enormes coágulos semi-sumergidos de hielo, donde algunos grandes glaciares en Groenlandia, especialmente en la costa oeste, pasan apretadamente por fiordos al encontrarse con el océano calentador. El flujo de muchos de estos ríos congelados, corrugados y reptantes se ha acelerado drásticamente al abrirse estos pasos.
Algunos glaciólogos temen que la elevación en el nivel de los mares en un mundo en calentamiento pueda ser mucho mayor que el cálculo superior, de unos 60 centímetros, para este siglo hecho el año pasado por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático. (Los mares se elevaron menos de 30 centímetros en el siglo XX.)
La evaluación del panel no incluyó factores que se sabe que contribuyen a los flujos de hielo, pero que están lo suficientemente comprendidos como para calcularlos de manera confiable. El panel se limitó a decir: “No se pueden excluir valores más grandes”.
Entre quienes tienen un punto de vista más conservador sobre el destino de Groenlandia a corto plazo se encuentra Richard Alley, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, quien dijo que los núcleos de hielo y las pruebas de materiales orgánicos de debajo del hielo indican que el núcleo principal de la capa de hielo de Groenlandia soportó miles de años de calentamiento en el pasado, sin desaparecer.
En estos momentos hay una carrera científica por determinar si la erosión de las capas de hielo más vulnerables del mundo, en Groenlandia y en la Antártida Occidental, puede seguir acelerándose. El esfuerzo emplea análisis de campo y vía satélite, así como la búsqueda de pistas en periodos cálidos pasados.
El Consejo Ártico, que representa a países con territorio en el Ártico, ha comisionado un reporte sobre las tendencias del hielo en Groenlandia, a terminarse antes de la ronda de conversaciones de 2009 sobre un tratado climático en Copenhague, donde las naciones del mundo han prometido acordar un plan a largo plazo para limitar el calentamiento global causado por el hombre.
Konrad Steffen, glaciólogo en la Universidad de Colorado que ha acampado sobre la capa de hielo de Groenlandia cada año desde 1990, es un autor estadounidense que trabaja en ese estudio. En agosto del año pasado, él y un equipo que se enfocaba en cómo las aguas de deshielo podían afectar el movimiento del hielo, bajaron una cámara 100 metros por un desagüe natural lleno de agua para explorar si se podía hacer un mapa del sistema de plomería de la capa de hielo.
Alberto Behar, ingeniero de la NASA que diseñó la cámara, dijo que se tenían bajo consideración algunos métodos no convencionales para hacer un seguimiento del flujo de dicha agua. “Teníamos la idea de bajar patitos de goma y ver si salían al océano”, dijo. “Tendrían una notita que diría: ‘Por favor llame a este número si me encuentra’”.
Los cambios que se aprecian en Groenlandia podrían ser autolimitantes a corto plazo; los glaciares que surgen podrían allanarse y perder velocidad, por ejemplo.
O quizá sean una señal de que el hielo de la isla —que contiene aproximadamente el mismo volumen de agua que el Golfo de México— está listo para una rápida descarga.
Los científicos están divididos en esta cuestión, y también sobre si existe un riesgo a corto plazo a causa de una porción grande de la capa de hielo de la Antártida Occidental que también muestra señales de inestabilidad.
Esta brecha separa a quienes prevén un aumento en el nivel del mar de menos de un metro en este siglo por el agua vertida al mar por Groenlandia, Antártica Occidental y glaciares de montaña en rápida desaparición, y unos cuantos expertos que hablan de un par de metros en ese mismo periodo de tiempo.
Pero ya no existe un debate significativo sobre el panorama a largo plazo: si las emisiones de gases invernadero mantienen un incremento similar al actual, el calentamiento y pérdida de hielo resultantes harían retroceder las costas durante siglos.