El agente de la gastroenteritis es un virus, muy probablemente un tipo de norovirus. Bautizado así por la ciudad de Norwalk, Ohio, escenario de un severo brote de vómito, náusea y diarrea entre escolares a fines de los años 60, el norovirus es un virus pequeño, esférico y altamente contagioso que ataca al sistema digestivo.
Los norovirus, los virus de la gripe, el rinovirus y coronavirus que causan el resfriado común, así como el virus del herpes, que causa los fuegos labiales, son agentes activos.
Como virus, todos son, por definición, agentes parasitarios infecciosos lo suficientemente diminutos como para pasar a través de un microfiltro que atraparía a las bacterias y a otros microbios, y lo suficientemente diminutos como para que una sola partícula de saliva contenga millones de ellos.
Todos los virus contienen, en su núcleo, instrucciones genéticas compactas para crear más virus, algunos de los folletos escritos en ADN, otros en el lenguaje nucleico relacionado del ARN. Nuestras células tienen los medios para leer ambos códigos, ya sea que deban hacerlo o no. Como recubrimiento de los genomas virales están los cápsides, capas protectoras confeccionadas de módulos de proteína entrelazados y decorados con una especie de dispositivo de acoplamiento, un pliegue justo de la forma precisa para infiltrar una célula en particular. Los rinovirus se acoplan a los receptores que se proyectan de las células de nuestros senos nasales, mientras que los virus de la hepatitis tienen una forma que explota claraboyas en las células del hígado.
Sus formas específicas se derivan de la competencia por un nicho en un mundo lleno de virus. Los virus muy probablemente surgieron junto con, o posiblemente justo antes de, la aparición de las primeras células vivientes, hace casi cuatro mil millones de años. Resulta que muchas variedades son sorprendentemente delicadas.
“Los microbios como la bacteria del ántrax pueden permanecer inactivos en el suelo durante años”, y aún así retienen su poder mortal, dijo Marlene Zuk, profesora de biología en la Universidad de California, en Riverside.
“Pero los virus son realmente frágiles y no pueden sobrevivir mucho tiempo fuera de su huésped”.
Dependen de nuestras células para fabricar todos los detalles de su descendencia, para imprimir copias nuevas de los folletos de instrucciones en su núcleo, para fabricar las cubiertas de cápsides y para llevar a esos recién nacidos a huéspedes nuevos. Por medio de nosotros, los virus pueden trascender la simple química y hablar de biología. Muchos científicos consideran que los virus, con su falta de medios autónomos de metabolismo o reproducción, se posan sobre la frontera entre vida y no vida. Pero cuando más se puede hablar de qué tan vivos están los virus, es cuando están en proceso de duplicarse, mutarse y evolucionar en nuestro interior.
Algunos investigadores recientemente han propuesto que los organismos superiores, de hecho, se han apropiado de genes virales y los han adaptado al código para innovaciones biológicas importantes, de acuerdo a Luis P. Villarreal, director del Centro para la Investigación de los Virus en la Universidad de California, en Irvine.
Podría ser que gracias a los consejos genómicos de nuestros torturadores virales nos hicimos tan hábiles para mantenerlos a raya.
“Nuestros cuerpos se recuperan espontáneamente de los virus mucho más que de las infecciones bacterianas abrumadoras”, dijo Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. “Las infecciones virales han moldeado la naturaleza del sistema inmunológico humano y nos hemos adaptado para armar una respuesta muy eficaz contra la mayoría de los virus que enfrentamos”.