Recientemente Bucaram y Gutiérrez reemplazaron, con la tarima, los balcones de Velasco Ibarra, cuya oratoria logró cautivar a los ecuatorianos, caracterizados más por su sensibilidad política que por su analítico razonamiento.
Hoy tenemos un Presidente que utiliza con frecuencia la tarima junto con un discurso asociado al lenguaje de masas.
Pues bien, el pasado 26 de diciembre, en un discurso de tarima y ante el anuncio de la movilización de miles de ciudadanos a Manta, y posiblemente a Montecristi, señaló que los estaría esperando y amenazó con tener en la ciudad sede de la Asamblea a veinte mil ciudadanos para decirles a los visitantes que la Asamblea ya es de todos.
Como es público, el Presidente no estuvo el día siguiente en Montecristi y por supuesto, tampoco estuvieron sus veinte mil partidarios. En cambio, los cerca de doce mil ciudadanos que se trasladaban junto a varios alcaldes, fueron impedidos, inconstitucionalmente, gracias al uso de la fuerza y de los gases, de ingresar a la provincia de Manabí.
Varios días después, el Presidente ha señalado, al contestar una pregunta del periodista Rubén Darío Buitrón, de diario Expreso, sobre por qué no cumplió con su ofrecimiento, lo siguiente: “En un discurso frente a las masas uno dice cosas, pero no sean ridículos…”.
De esta afirmación pueden extraerse varias conclusiones: 1.- Que no debe creerse en modo alguno en la palabra del Presidente cuando utiliza como escenario la tarima. 2.- Que los medios de comunicación, de forma previa a informar cualquier declaración del Presidente deben indicar a los ciudadanos si las declaraciones fueron hechas en una tarima para, de ser así, no tomarlas en serio, ya que son palabras de tarima. 3.- Que la majestad de la Presidencia de la República desaparece cuando el Presidente está en tarima, ya que la mentira no es digna de la majestad presidencial. 4.- Que el Presidente no tiene reparos en decir cualquier cosa ante las masas a sabiendas de que tales cosas no serán cumplidas; y, 5.- Para ser equitativos, al Presidente se le podrá decir cualquier cosa, si quien las dice está sobre una tarima. En definitiva, se eleva a categoría de razón de Estado la expresión “de mentirita nomás era”.
Mientras esto ocurre, a abogados de Pertamina, la estatal de Indonesia invitada por el presidente Correa a invertir en Ecuador, asesorada legalmente hasta hace poco por el ministro Galo Chiriboga, se los traslada cuando van a Quito en vehículos oficiales. Estos mismos abogados pertenecen a un estudio jurídico que antes manejó las telecomunicaciones en el Ecuador y asesoró a empresas vinculadas a personas a su vez vinculadas a un conocido banco. Al mismo tiempo, el ministro Chiriboga celebra un contrato a dedo con la estatal venezolana Pdvsa, con la finalidad de conformar una compañía de economía mixta para explotar el gas del Golfo. A la par, el Presidente de la República consagra ilegalmente un millonario monopolio de máquinas tragamonedas a favor de los hoteles de lujo. ¡Que viva la tarima!