El realizador nacional está por estrenar su segunda película: Cuando me toque a mí, basada en la novela del escritor ecuatoriano Alfredo Noriega.
El 25 de enero llegará a las salas de Quito, Ambato y Cuenca un nuevo estreno del cine nacional: Cuando me toque a mí, el segundo largometraje del director quiteño Víctor Arregui y según él, el primer fruto de las políticas públicas de apoyo a la producción cinematográfica ecuatoriana.
En efecto, los 45.000 dólares que obtuvo este proyecto en noviembre pasado cuando ganó los premios a la distribución y a la posproducción del Consejo Nacional de Cine, le permitieron terminar la película y llevarla a 35 milímetros. En el 2006, año en el que se filmó, Arregui también obtuvo el premio Augusto San Miguel del entonces Ministerio de Educación y Cultura, que consistió en 10.000 dólares para posproducción.
El jueves pasado en el Cinemark de Quito se realizó un estreno especial para la prensa de esta película que es una adaptación cinematográfica de la novela De que nada se sabe (Alfaguara 2002) del escritor ecuatoriano Alfredo Noriega. Una película de acción en la que sin embargo, los personajes parecen suspendidos en los sinsentidos de la vida, de la muerte y de su ciudad (Quito).
Arregui, quien fue conocido en la escena nacional por su primer largometraje Fuera de Juego (2003), película ganadora del premio Cine en Construcción del Festival de San Sebastián, y coordinador del Festival Cero Latitud, habla en esta entrevista de su inmersión en ese sino trágico que a su parecer define la personalidad de los quiteños.
¿Por qué decidió adaptar la novela de Noriega?
El libro trata mucho de la ciudad de Quito y de la muerte, y encima, es muy cinematográfico. Como Alfredo es muy amigo mío, me envió la novela antes de que estuviera publicada desde París y la leí mientras me recuperaba de un primer infarto que tuve en noviembre del 2002 (después de filmar Fuera de juego).
¿El guión fue escrito a dos manos?
En el 2003 comenzamos a trabajar la primera versión juntos Alfredo y yo, después ya lo hice yo solo. Una de las cosas que más me preocupaban era que el producto final le gustara. Le mandé un DVD a París hace un año y le gustó, consideró que la película mantiene la atmósfera y el carácter del libro a pesar de que hay personajes que se diferencian y otros que desaparecen. La diferencia fundamental está en la forma como vemos Quito; yo soy un poco más político y Alfredo maneja más el recuerdo romántico de cuando vivía acá hace 20 años.
Los personajes de la película, a excepción de la colombiana, son seres opacos, hay una atmósfera bajoneada...
No es bajoneada, los quiteños somos trágicos por naturaleza. Siempre estamos preocupados. Míralos (me señala dos personas que están instalando algo en la sala), ellos no sonríen pero pueden estar bien. A veces me parece que somos muy mojigatos, no decimos las cosas de frente, tenemos muchas cosas escondidas que no queremos decir. Es otra forma de violencia y a veces nos dan y nos dan y no decimos nada.
¿Su pretensión era reflexionar sobre ese sino trágico de los quiteños?
Es una película para reflexionar acerca de la vida, para poder reconocernos, para ver ciertas formas de comportamiento de esta ciudad. El médico dice ciertas cosas que quizá no nos atrevemos a decir.
¿Por hipocresía?
Sí, es parte de nosotros. Tal vez son las culpas, un miedo a enfrentar las cosas, no sé, somos víctimas y victimarios, eso está metidísimo, una dificultad con la verdad, entonces acudimos al trago para sacar todo.
En el eslogan de la película hay una frase: “Hay algo que te acompaña toda la vida”. ¿Qué relación ha tenido con la muerte?
Tuve un infarto muy fuerte en noviembre del 2002 (cuando tenía 40 años) que me hizo ver los colores de la muerte; el verdecito, el azulito. En febrero del 2007 tuve un segundo infarto.
En la película usted destaca mucho los típicos prejuicios contra los colombianos: putas y delincuentes...
No, para nada, en el caso de la chica es simplemente alguien bonito, que te provoca y es la única capaz de sacarle una sonrisa al doctor... pero metí el tema porque hay mucho prejuicio contra los colombianos y eso me tiene a mal andar. No creo que los colombianos son violentos, son simpatiquísimos.
¿Cómo ha cambiado su vida después de los dos infartos?
Yo ya me fumé, me halé y me tomé todo lo que me tenía que tomar, ahora no puedo comer ni fritada: solo cebiche de palmito.
BREVES
ESTRENO
En Guayaquil la película Cuando me toque a mí se estrenará el próximo 8 de febrero en el MAAC Cine. A partir del 9 de febrero estará en Supercines y en Cinemark.
GALARDÓN
Manuel Calisto Sánchez, quien interpreta al doctor legista de la morgue de Quito, obtuvo el premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Biarritz en Francia, el año pasado.
ACTUACIONES
También se destacan las actuaciones de Ramiro Logroño (que trabajó en teatro con el grupo Malayerba); Ana Miranda y Érik Chiriboga, un niño de 13 años, que es la única metáfora esperanzadora del filme.
PRESUPUESTO
El costo total de la película, que se rodó en un mes y tuvo casi un año y medio de posproducción, fue de 460.000 dólares, según indicó Paúl Venegas, el productor ejecutivo.