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Edición del DOMINGO 13 de Enero del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Francisco X. Aguilar, sueños cumplidos
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Su condición en los EE.UU. es de trabajador especial. Una persona que tiene una habilidad tipo científico.
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Texto: Francisco Santana | Fotos: Víctor Serrano

El año pasado consiguió su Ph. D. en Economía de recursos naturales,  tiene dos maestrías en Inglaterra y Estados Unidos. Es  ingeniero agrónomo  y pronto empezará su carrera de profesor en la Universidad de Missouri, en Columbia.

Cuando tenía 17 años salió del Ecuador. Ahora tiene 30 y el 22 de enero empezará como profesor de políticas de recursos naturales en la Universidad de Missouri, en Columbia (Estados Unidos).

Su vida está en otra parte. Así como lejanos están los días cuando jugaba en la finca de su abuelo José en Zaruma (El Oro). También cuando se graduó en el colegio Javier de Guayaquil y sus padres Antonio Aguilar y Lourdes Cabezas pensaban, con algo de resignación, que el futuro de Francisco Xavier estaba en el exterior.

Ambos han sido su guía, tanto que algún día consideró convertirse en doctor para seguir sus pasos, con ellos mantiene  una excelente relación de mucho apoyo y siempre le han dado luz verde para seguir sus anhelos.

Primero partió a Costa Rica con una beca de la Fundación Vilaseca para estudiar durante cuatro años en la Universidad Escuela de Agricultura de la Región Jan Tropical Húmeda (E.A.R.T.H.). Allí obtuvo el título de Ingeniero Agrónomo.

A su regreso trabajó como voluntario en la Fundación Madre Dolorosa junto al padre Ignacio Moretta con los chicos de las chambas en agricultura orgánica. Montaron una planta de biogás con los desechos de los cerdos, la cual producía gas metano que se utilizaba para cocinar.

La mayor parte de su vida son historias, coincidencias, donde dice que Dios escribe muy recto en líneas torcidas. Para reafirmar sus palabras recuerda cuando tenía que partir a Inglaterra en octubre de 1999 para iniciar su maestría.

En aquel tiempo no tenía la beca del Consejo Británico. Una semana antes de partir perdió el avión  a Quito, donde debía obtener la visa para volar a Inglaterra. Esa noche, mientras lamentaba su suerte, recibió una llamada de una persona que no conocía, representante de la Fundación Kellogs en los Estados Unidos, que le ofreció viajar a India y Sri Lanka para trabajar durante seis meses  con las comunidades agrícolas de Asia.

Antes de viajar pudo gestionar la beca del Consejo Británico. “Me gusta romper las reglas cuando pienso que ponen un límite a lo que quiero hacer. El mínimo de edad para dicha beca era 26 años y yo solo tenía 22. En la entrevista en la que estuvo presente el embajador  vieron que estaba listo y me la dieron por excepción”, recuerda.

Se considera una persona bendecida porque siempre que ha deseado algo, de algún modo ha recibido el apoyo de alguien, así sea un desconocido.  Cuenta que cuando viajó a Inglaterra para realizar su primera maestría tenía la beca, pero no estaban cubiertos los gastos de mantenimiento. Entonces apareció una familia estadounidense a quienes conoció en Costa Rica por un día, y le pagaron todo el hospedaje y la comida durante dos años  sin que ni siquiera ellos vivan  allá.

Estudió la maestría en el Royal Agricultural College en Cirencester, Inglaterra, ubicada en el noroeste de Oxford, como a dos horas en auto de Londres, adonde viajaba de vez en cuando y donde también se tomaba sus cervecitas.

Siempre ha encontrado amigos en los lugares que ha visitado, piensa que eso se debe a que es una persona sincera. “Cuando converso con alguien no me pongo una careta por delante, me muestro como soy y creo que la gente aprecia mucho eso”, expresa convencido.

Se define como alguien de naturaleza alegre y emprendedor. Le gustan los retos y saber cuál es su nuevo límite, decidido, perfeccionista. Persigue sus metas con insistencia y sin desmayo.

Para la investigación de su maestría en Inglaterra consiguió ayuda financiera de una organización japonesa, y el director de dicho grupo, a quien conoció cuando estudiaba en Costa Rica e invitó al Ecuador, lo llevó de viaje por Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia y Singapur.

Si es una cuestión de suerte él no lo puede decir, sin embargo, de lo que sí está seguro es que todo viene a través del trabajo. También siente que tiene un componente de una bendición especial.

Es el segundo de tres hermanos; el mayor, José Antonio, es economista y trabaja en la Bolsa de Valores de Guayaquil; Juan Pablo es el menor y estudia para biólogo en Brasil. La novia de Francisco, Lisa Mauger, realiza  un doctorado en física en el Instituto de Tecnología de California. “Es más inteligente que yo”, dice él. “En el campus universitario de ella hay cuatro premios Nobel”.

Preocupación por bosques
Es de la idea que no se le puede decir a una comunidad que deje de talar el bosque si es él único recurso que tiene a mano para sobrevivir. Acaba de visitar una comunidad en Loma Alta, cerca de Manglaralto, donde el carpintero hace los muebles con madera de roble. Observa que es difícil que la gente deje de contar con esos ingresos económicos. “El reto es ver qué alternativas uno puede trabajar en forma participativa con esa comunidad, es buscar soluciones a un problema con la gente, no decirle lo que tiene que hacer, porque eso no funciona así”, agrega.

Es meterse mucho, conocer y entender la cultura, la interacción de la comunidad con sus recursos naturales, encontrar un balance entre ellos, que tienen derecho a desarrollarse y necesitan ingresos, y un recurso natural, que puede sostener su desarrollo pero sin que por ello lo destruyan.

Se siente feliz porque está haciendo lo que quiere, que es investigar. “Soy el niño pequeño que ha llegado a la oficina”. Dice tener una posición envidiable. Otros se gradúan a nivel de doctorado y deben hacer un posdoctorado por tres o cuatro años. En cambio Francisco antes de graduarse ya tenía una oferta para trabajar, eso debido a toda la experiencia internacional que posee.

Manifiesta que lo lindo de Estados Unidos, especialmente en el área académica, es que no ven ni la estatura ni el peso ni el color de la piel o el género; lo importante es lo que se refleja en tu trabajo, si la persona es productiva se pelean por obtener tus servicios.

Sus estudios sirven para aplicarse en el Ecuador porque fueron hechos en el trópico. Su intención es desarrollar programas e investigaciones en el extranjero a través de la universidad. Su interés a largo plazo es tener proyectos a nivel científico que espera puedan cristalizarse en este país.

“Mi posición fue abierta a competencia en los EE.UU. y haber ganado me produce mucha satisfacción”, manifiesta. Nunca tuvo el patrón mental de decir soy ecuatoriano y pobrecito. Nunca se vio inferior a nadie, siempre pensó que era igual a todos y parece que lo logró.

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