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Rebelión militar |
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El Comandante de la Fuerza Aérea esperaba conseguir su próximo ascenso, pero el Ministro de Defensa, hombre incondicional del Presidente, se lo impedía.
La mañana del viernes 7 de marzo de 1986, ese comandante, que se llamaba Frank Vargas Pazzos, se presentó a reclamarle a ese ministro de Defensa, Luis Piñeiros, quien lo recibió con guardias armados con ametralladoras. Vargas disparó varias veces al aire y regresó a las instalaciones de la FAE.
A las diez horas envió dos aviones Kfir a sobrevolar el edificio del Ministerio, mientras denunciaba que Piñeiros había comprado un avión con un sobreprecio de 4 millones. Inmediatamente después viajó a Manta y se atrincheró en la base aérea de esa ciudad.
Entonces Febres-Cordero ordenó el cerco de la base rebelde y dispuso que la Marina movilice sus barcos. Miles de ciudadanos rodearon la base para apoyar a Vargas, al que le solicitaron armas. La población portovejense se tomó el aeropuerto, y en Chone y Jipijapa los civiles cerraron las carreteras.
Por fin se llegó a un acuerdo. Chaly Pareja, secretario del Presidente, negoció con Vargas que devuelva la base a cambio de la salida del Ministro. La tropa alzó en hombros a Vargas Pazzos, luego de lo cual este viajó a Quito y se entregó a las autoridades militares.
Pero al día siguiente, Febres-Cordero, empeñado en sostener a su amigo, negó que existiese algún acuerdo, así que Vargas se fugó y se apoderó esta vez de la base aérea de Quito. El Gobierno decretó la emergencia nacional y la censura de prensa. Al Presidente nunca le gustó la actuación de los medios de comunicación y le preocupaba que dijesen más de lo que convenía.
Nuevamente, un numeroso sector de ciudadanos rodeó la instalación militar, dando vivas al insurrecto.
Entre los asistentes se hallaban algunos de los que más tarde serían aliados de Rafael Correa, quienes aseguraron que la insubordinación militar se justificaba porque iba contra un presidente autoritario e intolerante, que había interferido políticamente en las Fuerzas Armadas.
El viernes 14, los militares ingresaron a la base aérea y arrestaron a Vargas.
Con la intención de recuperar la iniciativa política, Febres-Cordero convocó entonces a un plebiscito que se realizó el 1 de junio de 1986, con la supuesta intención de resolver la participación de los independientes como candidatos. El verdadero objetivo era conseguir un voto de aplauso para la gestión del alicaído régimen.
En el plebiscito, el “no” triunfó en todas las provincias con el 70% de los votos válidos.
La crisis inició su último capítulo el 16 de enero del año siguiente, cuando un comando militar secuestró al Primer Mandatario en la base de Taura para que ordene la libertad de Vargas. Al abandonar la base, se lo veía agotado, transpirando, la ropa manchada de sangre, el pelo alborotado.
El incidente finalizó con las cámaras de televisión transmitiendo la imagen de un Presidente sometido a la voluntad de sus captores. “¿Qué más debo firmar?” fue lo último que se le escuchó decir. |
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