En febrero el padre Stanley Henriques habría cumplido ocho años en la Alborada.
Haber estado al frente de la rifa de once carros, ser el artífice de la organización del ‘seco de pollo más grande del mundo’ y otros tantos eventos encaminados a ampliar el templo Nuestra Señora de la Alborada, son motivos suficientes para que, quien hasta ayer fue su párroco, Stanley Henriques Cornejo, sea recordado con afecto por esta comunidad parroquial.
Hoy él concelebrará su primera misa a las 11:00 con monseñor Aníbal Nieto, en el Santuario de Nobol, adonde fue trasladado por orden de la Arquidiócesis de Guayaquil, mientras que el sacerdote de allá, Jaime Cedeño, asume las funciones de Henriques en el templo Nuestra Señora de la Alborada en esta ciudad, a partir de las 19:00.
Henriques congregaba alrededor de 1.500 personas en cada misa. La concurrencia es tan masiva que se deben colocar sillas en el patio y una pantalla gigante. “Jamás imaginé encariñarme tanto con esta comunidad”, expresa el párroco de 61 años, manteniendo la serenidad, pero muy conmovido.
A pesar de que tanto los feligreses de Guayaquil como de Nobol tomaron la noticia con “mucha madurez”, según ambos párrocos, esta transición los tomó a ellos por sorpresa.
Tanto así, que los dos, en su momento, le expusieron al arzobispo, monseñor Antonio Arregui, reconsiderar su decisión. Sin embargo, este fue determinante y les manifestó que el cambio estaba decidido.
“Esta transición se produjo por lo que se viene en torno a la esperada canonización de Narcisa de Jesús, y además, porque los párrocos deben renovarse en sus funciones cada cinco o diez años, pero no hay regla fija”, afirma el vicario general Rómulo Aguilar, en representación del Arzobispo, quien está fuera del país.
TRAYECTORIA
La vocación del padre Stanley fue un poco tardía; se graduó en el Seminario Mayor a los 30 años, luego de incursionar en la banca, los seguros y el área de la construcción. Con ello, siguió el ejemplo de su hermano Alberto Henriques, párroco salesiano de la iglesia Domingo Savio en Guayaquil.
Primero fue sacerdote en la parroquia Corazón de Jesús en Cuenca por 18 años, acompañando a monseñor Luis Luna Tobar. Luego vino a Guayaquil, al templo de la Alborada.
Hace poco, el párroco se hizo una operación de estómago que le ayudó a bajar 35 de sus 300 libras de peso, con lo cual le alivió los malestares que le dejaron una intervención quirúrgica de ligamentos en una de sus piernas. También usa botas por una parálisis infantil que le dejó secuelas en sus pies.
“Ya no soy un jovencito y tengo mis problemas físicos, pero monseñor Arregui me ha dicho que esto va a pasar”, dice Henriques con una amplia sonrisa.
Karin Cueva, contadora del templo, afirma que cuando “vino el padre en 1999, en el templo solo entraban 600 personas. Él cambió todo, lo amplió y le dio vida a todo esto”.
Desde hace seis años ella se encarga de la contabilidad de todos los eventos realizados para lograr la ampliación de la iglesia en la que se invirtieron $ 515.174. El miércoles pasado fue el sorteo del último carro.
Con el cambio, el párroco ha solicitado a la Arquidiócesis que lo aparte de sus funciones de vicario episcopal de la zona norte, un rango que le otorga la jerarquía de un obispo en 46 parroquias de ese sector de Guayaquil. Sobre esto, el Arzobispo le ha pedido “esperar un poco”.
Por su templo han pasado once sacerdotes practicantes a quienes ha logrado transmitirles toda su experiencia pastoral.
Uno de ellos es el padre Ricardo Murillo, que ayuda a Henriques desde hace más de un año. Para este sacerdote, el secreto del padre Stanley para atraer a tantos feligreses radica en su discurso “potente, sincero, frontal y directo”, cuatro cualidades que él desea emular. “Es un verdadero líder. Todos lo vamos a extrañar”, agrega.
Stanley Henriques
Sacerdote
“Nunca imaginé encariñarme tanto con esta comunidad a lo largo de estos ocho años”.
El padre Jaime Cedeño inició la obra física en la Hacienda San José y la deberá continuar Henriques.
Al igual que el padre Stanley Henriques, el hasta ayer rector del Santuario de Narcisa de Jesús, Jaime Cedeño, quien a partir de hoy se convierte en el nuevo párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Alborada, intentó convencer a monseñor Antonio Arregui de permanecer en el santuario de Nobol.
Pero la autoridad eclesiástica lo convenció de que “esta es una decisión que debía aceptar” y que “así es lo mejor”.
“No podemos reclamar ni decir ‘yo soy dueño del santuario (de Nobol), no me muevan’. Si un día vine aquí fue porque el Arzobispo así lo decidió”, expresa Cedeño con la característica serenidad de una persona que está acostumbrada a las transiciones.
En sus 20 años de vida sacerdotal ha estado en tres parroquias de Guayaquil: Nuestra Señora de Czestochowa, San Antonio María Claret y Nuestra Señora de Monserrate.
Y a pesar de que “guarda buenos recuerdos y un gran aprendizaje” de cada una, haber estado al frente del santuario de Nobol desde febrero del 2005 le significó una experiencia totalmente renovadora.
En aquella época, el mismo arzobispo de Guayaquil, monseñor Antonio Arregui, invitó al párroco a dirigir el santuario que hasta ese momento estaba a cargo también de los servicios parroquiales. Actualmente, la responsabilidad del santuario está dirigida únicamente a atender a los peregrinos.
Arregui quiso llevar adelante con el sacerdote un proyecto novedoso que había observado en uno de sus viajes a México. En ese país, el Arzobispo vio cómo las diversas diócesis peregrinaban a la Basílica de Guadalupe. Inmediatamente se le ocurrió hacer lo propio en Guayaquil.
“Me delegaron hacer un calendario de peregrinaciones de todas las parroquias de la provincia del Guayas a Nobol, las cuales se iniciaron en julio del 2005 y aún se mantienen”, recuerda.
Entonces la devoción a Narcisa de Jesús ya estaba extendida, pero se fortaleció a raíz del anuncio del análisis favorable que hizo un grupo de especialistas del Vaticano a un milagro atribuido a ella en junio del 2006.
“El fervor a la beata en Nobol fue mayor en junio del año pasado, cuando el papa Benedicto XVI promulgó el decreto de canonización. Desde entonces se espera la fecha en que el Santo Padre la declare oficialmente santa”, agrega Cedeño.
La concurrencia masiva de peregrinos lo llevó a invertir y construir dos puertas más para el santuario, un despacho parroquial y un cerramiento de 800 metros en la Hacienda San José, donde se emprenderá una gran obra física. En todo ello invirtió más de 200 mil dólares. Pero es solo el inicio.
Conflicto
Todo este crecimiento le ha significado al párroco enfrentarse a ciertos conflictos: el incremento de vendedores ambulantes y el poco control de las autoridades municipales. “En el Municipio se cree que al santuario entra mucho dinero y que por lo tanto deberíamos ocuparnos de los problemas de alcantarillado y otros que no nos corresponde”, señala mientras pierde un poco su natural serenidad.
Pero se tranquiliza. Y aclara que las obras que se han hecho han sido producto de los ahorros de dos años y el aporte de los peregrinos.
Los feligreses están a la espera de que el nuevo párroco sea tan “bueno” como Cedeño, quien proviene de una familia de seis hermanos.
Solo él es sacerdote, aunque sí tiene primos religiosos.
“Ha sido como el papá que no tengo. Sus consejos me han ayudado tanto”, manifiesta María Aguilar, una devota de Narcisa de Jesús que vive en Nobol y que no se perdía la misa de los domingos de Cedeño.
Y sus más cercanos colaboradores, como Ángela Barzola y Hugo Chávez, le agradecen al párroco toda la paciencia que ha tenido con ellos y los valores como ser humano que les transmitió durante los años en que trabajaron con él.
Ocho de estos colaboradores de Nobol estarán hoy, a las 19:00 en la posesión del padre Jaime Cedeño como párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Alborada.
Jaime Cedeño
Sacerdote
“Ojalá se termine la obra física en la Hacienda San José para acoger a más peregrinos que día a día aumentan”.