Domingo 30 de diciembre del 2007 El Gran Guayaquil

Comer uvas y pedir deseos es la cábala favorita en fin de año

Verónica Reyes

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Tres de cada diez guayaquileños acostumbra a comer uvas como cábala para recibir el nuevo año cada 31 de diciembre.

La superstición la mantiene el 26,9 % de  guayaquileños. Le sigue vestir de amarillo y rezar.

Aunque la gente lo mire mal o se gane la burla de sus propios vecinos, Alfredo Sánchez, de 62 años, se mantiene fiel a  su costumbre de dar una  paliza a su monigote minutos antes de que finalice el año.

Reconoce que su práctica proviene de una superstición, pero lo hace cada año porque dice estar seguro que incide de manera positiva en su vida en los próximos doce meses.

“Lo paseo por toda la casa  y con cada latigazo que le doy (al muñeco) le grito: Llévate todo lo malo del año que se va”, expresa Sánchez.

Azotar al año viejo es una de las diez cábalas  que realizan los guayaquileños cada 31 de diciembre a la medianoche, como un rito pagano  para llamar a la buena suerte.

Del 73% de las  personas que queman  años viejos, el 1,30% sigue el ejemplo de Sánchez, según una encuesta realizada por la consultora Perfiles de Opinión para este Diario.

En el sondeo   efectuado a 260 personas en la urbe se revela que el ritual favorito en Guayaquil para esta fecha es el consumo de uvas (26,9%).

Le siguen vestirse de amarillo  con el 2%, rezar 1,70%, pegar al año viejo, tener dinero  en la mano derecha 0,90%, vestir ropa interior de color rojo 0,90%.  Siguen otros como ir  de viaje, ponerse ropa interior amarilla, tener dinero y adquirir ropa de otros colores.

Eva Martínez, ama de casa de 42 años, comparte con sus hijas el hábito de comer doce uvas y pedir un deseo por cada una. “En ocasiones resulta. Una vez pedí que una de mis hijas viajara al exterior para estudiar y resultó”, cuenta.

Las creencias de Alfredo y Eva alientan las ventas locales. En la Bahía, uno de los principales sectores comerciales de la ciudad, la distribución de interiores y otros tipos de vestimenta amarilla siempre encuentran clientela a fines de diciembre.

Letty Ortiz, quien tiene un puesto en el lugar, sostiene que las supersticiones llevan a  compradores, incluso a los varones, a gastar hasta 20 dólares en ropa interior.

Con ella coincide Mariela Mendieta del local Le Latina que funciona en el centro comercial Bahía Mall  2 (Chile entre Colón y Pedro Carbo), quien compra un adicional del 20% de mercadería cada diciembre.

Explica que desde octubre la tienda  importa un contenedor solo de prendas amarillas.

La distribución de uvas tampoco se queda atrás, en los mercados de víveres Caraguay y Sauces IX cada puesto recibe un promedio de diez clientes a diario que compran de 1 a 3 libras de la fruta.

Ana María Guapi, comerciante de la Caraguay, dice que las ventas se triplican el 30 y 31. “El negocio es bueno, incluso la gente también compra cerezas dizque por suerte”.

Pavo, preferido en la cena
Además de encabezar las mesas en  Navidad el pavo también lidera las preferencias en la cena del 31 de diciembre.

Así lo comprueba el sondeo de Perfiles de Opinión que ubica al pavo relleno y horneado como el platillo más solicitado para fin de año con el 40,70%.

A esta ave le siguen el chancho horneado con el 33%, el pollo horneado 17,80% y arroz navideño 1,20%.

El jamón ahumado, la lasagna, chocolate y chuleta son otras preferencias.

ANTECEDENTES

Cómo llegó a Ecuador
La costumbre de incinerar monigotes llegó al Ecuador por la época colonial. Al igual que en Europa,  se lo realizaba en Semana Santa. Este hábito se practicó en Guayaquil hasta el siglo XX. Según sociólogos consultados, esta es una forma de deshacerse de las conductas y experiencias repudiables del año que se va.

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