Directores y críticos hablan sobre las fortalezas y debilidades de las artes escénicas este año.
La realización de festivales para distintos públicos en Guayaquil, Quito y Manta es el aspecto más significativo del 2007 que destacan varios directores de grupos y encuentros, así como críticos de teatro. Ellos son Lucho Mueckay, Christian Cabrera, Genoveva Mora y Efraín Villacís.
Entre los que se consolidan con una programación continua y que convocan público están el Festival de Artes Escénicas, el Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano (Entepola), el Encuentro de Teatro Universitario y Politécnico del Ecuador (Entupe), el Festival Internacional de Teatro de Manta, el Festival Humanízate de Quito y el Festival Internacional de Teatro Experimental (FITE).
A consideración de Cabrera esta última cita teatral ha demostrado constancia aunque “no nivel de calidad en su convocatoria nacional. Se dirá que es lo que hay, pero habrá que revisarlo con detenimiento”.
Mora indica que “este año tanto en Guayaquil como en Quito se dio un fenómeno poco común, que consistió en establecer una interrelación entre la crítica y los creadores, lo que nos ayuda a quienes estamos en esa tarea”.
Villacís sostiene que, además, hay una gran oferta de espectáculos, aunque eso no signifique que haya nuevas propuestas, “con excepción de pocas creaciones como las de Patricio Vallejo, Patricio Estrella, Muégano Teatro y Malayerba”.
Añade que el contrapeso a las fortalezas de las artes escénicas es la ausencia de una organización entre colectivos teatrales y/o de danza para tener apoyo del Estado. Considera que hay grupos, no un movimiento de artes escénicas en el país.
Cabrera concuerda con él y añade que los teatreros deben unirse para poder compartir “estéticas, ideas, y discutir, con bases fundamentadas en las diferentes corrientes teatrales, sobre una nueva propuesta escénica guayaquileña”.
Mueckay lamenta “la escasa organización gremial que permita acercarnos a la Asamblea para proponer políticas y leyes culturales de largo alcance”. Señala también como una falencia el que los espacios de formación actoral que ya tienen varios años de funcionamiento “aún no arrojen actores solventemente preparados”.
Considera que todavía hay una poca sintonía de las instituciones públicas regionales con los promotores teatrales independientes; está una Casa de la Cultura con un proyecto teatral sin despegar; y un teatro del Centro Cívico aún cerrado.
Mora refiere que lo negativo de este 2007 ha sido “la falta de políticas culturales claras que permitan a los artistas trabajar con más calma, y aunque no es una condición sine qua non, quizá sea un ingrediente muy necesario para trabajar con mayor rigor”.