Pocos monigoteros hacen años viejos por encargo. La mayoría los confecciona en serie.
Es una costumbre reciente y son pocos los artesanos capaces de realizar monigotes de personajes que no son públicos, basados en su fotografía. La gran mayoría confecciona años viejos en serie y utilizando moldes.
En Seis de Marzo 2402 y Maldonado funciona el taller de José Cruz Vallejo, guayaquileño de 49 años, uno los iniciadores en confeccionar monigotes por encargo. Él por un monigote por encargo cobra 120 dólares.
Mientras diseña el rostro del comandante Chávez, pegando capas de papel con engrudo, expresa que cada temporada se emplean nuevas técnicas y materiales, ahora, por ejemplo, se cubre al muñeco con espuma.
Le ayuda su hijo Juan José Cruz Armendáriz, estudiante del Colegio de Bellas Artes. Y afuera del taller venden monigotes y caretas su esposa e hijas.
A pocas cuadras, en Seis de Marzo y Brasil, el guayaquileño de 39 años Jorge Cañarte Baquerizo elabora el octavo monigote que le han encargado este año. Él cobra 80 dólares y utiliza madera, cartón, papel y engrudo.
El monigote puede ser una reproducción fiel o caricaturizada. Los clientes son empleados de diversas empresas.
“Lo mandan a hacer porque le tienen pica o porque se ha portado mal y lo quieren quemar”, manifiesta mientras comienza a elaborar un pedido del alcalde Nebot y el presidente Correa disputándose el puente de la Unidad Nacional. Manifiesta que nunca ha tenido problemas por sus creaciones, más bien personajes de la farándula lo han felicitado y comprado sus propios monigotes. Es el caso de Francisco Pinoargotti, Polo Baquerizo, David Reinoso, entre otros.
En la esquina de las calles Seis de Marzo 2105 y Cuenca, Andrés García Pincay, guayaquileño de 25 años, con un aerógrafo le da los últimos detalles a un monigote.
Él cuenta que a más de una buena foto, pide a sus clientes que le digan si la “víctima” es gordita o delgada.
La mayoría “trae al jefe o un compañero que se ha portado mal. Algunos lo quieren tal como es, otros como caricatura para gozarlo más”.
Andrés García cobra según el tamaño y el material del monigote solicitado.
El de papel cuesta 40 dólares, los de esponja de 60 a 80. “Mientras más feo resulta, más se le cobra”, bromea García entre risas.
Cada fin de año, del ingenio popular y la creatividad de los artesanos surgen monigotes para todos los gustos y precios.