Con el trofeo en sus manos, en la Cena de Campeones realizada el 28 de diciembre de 1992, Jefferson Pérez, que había ganado el Mundial Juvenil de marcha de Seúl y el título de campeón por equipos en el Sudamericano de atletismo, expresó su agradecimiento, que era casi un vaticinio: “Esto me compromete a seguir esforzándome por mantenerme en los primeros sitiales. Espero no defraudarlos”, y lo cumplió.
Anoche, en su discurso, señaló: “Agradezco por todo el esfuerzo realizado de Diario EL UNIVERSO para esta ceremonia. Y para mí es quizá la sorpresa más grande, porque en ocasiones vemos en un monitor aparentemente un deporte individual, que es solo un individuo el que gana o pierde, pero realmente el que sufre es todo el equipo de trabajo.
“Es difícil poder pensar que un vehículo pueda movilizarse sin un motor o mucho menos sin unas llantas, o quizá sin un conductor. De esa manera quiero expresar de forma gráfica lo que significa mi equipo.
“Tengo un profundo agradecimiento y emoción, muchísima sorpresa; sin embargo, de una manera antagónica tengo muchísima tristeza al ver que el día de hoy (ayer), que mi querido país, por el que tantas veces he defendido con honor, con valor, con corazón a cada uno de los 15 millones de ecuatorianos, los que viven dentro y fuera del país. Me ha dado una tristeza infinita y absoluta ver que muchos de ellos no pudieron transitar libremente por el país, por sus calles, por un territorio, el cual he defendido hasta con mi propia salud... (aplausos de la audiencia).
“... Muchas personas en ocasiones nos vanagloriamos de tener una serie de títulos académicos que nos harán más inteligentes, qué pena que olvidemos que el principio de la sabiduría es la humildad y que la puerta de la humildad es el corazón y que la grandeza del hombre es saber aceptar las opiniones diversas de toda una nación. Muchísimas gracias”.