Eldo Arnaldo Concari Nozzilia nació en Río Cuarto, provincia de Córdova, Argentina, con “apellidos aniñados, en cuna de oro, con cuchara de plata, televisor y carro a la puerta”; sin embargo, orgullosamente se siente ecuatoriano y “cholo”. Puede hablar de cualquier tema con entera soltura. Entiéndase bien... él habla de lo que sea y en ocasiones lanza comentarios fuertes, sin importarle estar entre pudorosos, recatados o gente de su lote: poco conservadora.
Conocido como Vanky. Así lo llaman en la casa, el trabajo, los vecinos y amigos, mas pocos saben que ese nombre se lo puso su hermana mayor, Carmen, cuando era pequeña. “Yo no podía decir pajarito sino vankyto. Tenía un año cuando él nació y aunque lo inscribieron como Eldo Arnaldo igual que mi papá, todos lo empezamos a llamar Vanky”, cuenta Carmen.
Aprendiz del volante
Cuarto de cinco hijos, su padre es argentino y su madre, Consuelo Nozzilia, ecuatoriana de ascendencia italiana. Ambos se conocieron en Guayaquil cuando él vino a trabajar en el sector turístico. Vanky reconoce que es un hombre muy peculiar, que quizás los constantes viajes con su familia debido al oficio de su padre calaron en él ansias profundas de libertad, ganas de explorar otros suelos, donde encontrarse y reencontrarse con gente de la cual aprender. Él no aspiró a graduarse de la universidad a los 24 ni casarse a los 30, peor escalar posiciones y ser gerente a los 40. Tampoco ahorró para un carro del año o un viaje a Punta Cana en hotel cinco estrellas (prefiere ir mochileando).
Estudió en los colegios San José La Salle y 20 de Abril de Guayaquil, y en Cuenca en el Rafael Borja. Aplicado en ciencias naturales, soñaba con ser científico explorador, igual que Tomás mañana (su cómic favorito), poder viajar en el tiempo, llegar al futuro. Pasó por las facultades de Medicina y Psicología de la Universidad Católica hasta resolver “irse por el mundo”.
Para alcanzar sus metas jamás le preocupó la edad. “Nunca creí que haya tiempo establecido para hacer las cosas, pues bien aprendemos a manejar a los 12 o podemos convertirmos en Iron Man (hombre de acero) a los 90”. Se apasiona, a veces no se mide. Actúa conforme piensa.
Primera página
Cuando tenía 19 años leyó “que el mundo era como un libro, pues quien no ha viajado no ha pasado de la primera página”. Vanky no es bueno recordando fechas, sitios, nombres de personas, mas sus vivencias de viajes las evoca con lujo de detalles.
En 1980 viajó con su familia a Argentina, en 1981 paseó por Chile y Perú con su hermano, en 1985 estuvo en Brasil con tres amigas. Ha recorrido Sudamérica, incluyendo las Antillas, Guayanas y Tierra del Fuego (Patagonia argentina). También Ecuador con todas sus ciudades y recovecos desconocidos. A veces permanecía pocos días en estos sitios, pero en ocasiones se sentía tan acogido que trasladaba hasta allá su residencia.
“Cada vez que podía alistaba mi mochila, me enrumbaba a mi lugar favorito: la terminal terrestre. De ahí elegía al azar un destino. Fue así que vi un ovni al intentar visitar la estación de monitoreo satelital en el Cotopaxi. Una maravilla cuando creímos encontrar la biblioteca perdida en la Cueva de los Tayos, en Morona Santiago, o aquella ocasión en que fui amable con unos indígenas y me llevaron a conocer una ciudad perdida en las estribaciones de la cordillera de Llanganates”.
De animador a guía turístico
Fue vendedor de enciclopedias en Editesa, luego fotógrafo en la agencia de publicidad Norlop Thompson, copresentador del programa ‘Vale todo’ en Ecuavisa junto con Priscila Arosemena, stripper, director creativo de la agencia Publinter, actor “de relleno” en SíTv, conductor del programa ‘Locos por el cine’ en Teleamazonas, contador del restaurante La Marisquería del Veneciano, cocinero, guía turístico en Galápagos, participante del reality show Expedición Robinson.
En fin, hizo de todo, tuvo muchos trabajos, algunas experiencias borrascosas, pasó poco tiempo asentado en un solo sitio... hasta hoy.
Actualmente vive a la entrada de Salinas, cerca de sus padres, junto al lugar donde labora: el canal de televisión Brisa TV (con señal en la Península y parte de Manabí). Produce, comercializa y conduce el programa ‘Por la tarde’, un espacio que se transmite de 14:00 a 16:00. En la sala de su casa parece un tramoyista, con solo mover una pared sobrepuesta la transforma en set televisivo. Lleva tres años allí. La gente de las marisquerías en la Ruta del Sol por San Pablo lo llaman “niño Vanky”, lo invitan a entrar a sus cocinas, a probar el camotillo (pescado) apanado. Conversa con los cocineros, mete la cuchara en sus ollas, sugiere ingredientes alternos. Pasea en su moto azul y juega con los niños en las esquinas.
Algunos en plena calle le cuentan sus problemas. Se toma la paciencia de escucharlos y en la medida de su entendimiento, orientarlos. Dice ser un defensor de la vida desde su concepción, el amor a Dios sobre todas las cosas y la unión familiar, aunque no siempre ha pensado así.
Carta de renuncia
La muerte de su hermano menor, Daniel, en 1996, lo derrumbó. Creía ser el “macho” de la casa, mas cuando tuvo que dar la noticia a su familia perdió las agallas. “No pude decirle a mi madre que había fallecido Daniel. Fue mi ñaña Carmen quien lo hizo. Desde ese día empecé a replantearme mi vida. Poco a poco a dejar la bebida, los vicios que me hacían daño”.
Vanky confiesa que experimentar la cercanía de la muerte en el reality show Expedición Robinson (2003), terminó por modificar sus perspectivas. Durante 40 días casi no comía ni dormía. Estuvo expuesto a un sinnúmero de pruebas de supervivencia. “Nunca me apegué a creencias religiosas, pero en Robinson sentí que Dios me escuchaba. Cada vez que le pedía algo, Él me lo daba. Sentí que algo cambió. Me desapegué de mis aires de libertad. Solo deseaba salir de ese sitio, estar con mi familia, especialmente con mis padres. Buscar un trabajo cerca de ellos para poder cuidarlos”.
Hoy trata con mayor frecuencia de ver a sus hijas Anahí (15) y Abril (7). La primera vive en Galápagos y la segunda en Guayaquil. Aunque insiste en que no es coqueto, sus ojos vivarachos le ‘bailan’ para todas lados. Aspira a enamorarse, casarse, nunca divorciarse. “Creo en el matrimonio y estoy listo para formar un hogar”. ¿Y si esa mujer esperada no aparece? “Llegará. Todo llega”.
Este emelecista, “enfermo por Emelec”, se ha vuelto un hombre espiritual, que por primera vez el año pasado asistió a un vía crucis en Semana Santa. No quiso contar detalles de su jornada cristiana de los domingos, sin embargo, algunos de sus amigos dijeron que escucha misa en Muey, parroquia de Salinas, y ayuda al párroco. Continúa siendo poco conservador, aunque por sus últimas reflexiones pareciera que ya quiere volverse un sedentario de vida reposada, renunciar a volar y quién sabe, echar raíces.