El mismo que viste y calza. Pasó por esta ciudad para conferencias y talleres, quien junto con Hjalti Karls-son fundara Karlssonwilker Inc., uno de los estudios de diseño gráfico más innovadores de Estados Unidos. Creadores de imágenes que han dado vuelta al mundo.
En la recepción del Grand Hotel Guayaquil se pasea a paso lento y pensativo. “¡Iguanas! ¿Dónde iguanas?”, pregunta. Ella Smolarz, su esposa, sabía de las iguanas del parque Seminario. Moría de ganas por ir a verlas, acariciarles la cola y tomarse fotos con ellas. Son las 18:50 de un lunes y Jan solo quiere complacer a su esposa. La entrevista comienza apenas un buen samaritano la lleva a un ‘city tour’.
Con los jugosos contratos de las millonarias cuentas manejadas por Karlssonwilker, uno imagina un hombre vestido de Armani, estresado, coordinando las futuras presentaciones de campañas publicitarias. Sin embargo, la realidad dista mucho. Jan Wilker, nacido en Ulm, ciudad alemana entre Stutt-gart y Munich, de 35 años, casado y sin hijos, viste de camisa ligera, mangas cortas, sin marca reconocida en la etiqueta. Dice “hola”, “otra cerveza”, “vamos”, “¿quieres?”. El resto es puro inglés. Disfruta más de una conversación con amigos, en compañía de cervezas (una tras otra como todo buen alemán) en una cafetería sencilla, sin pompa ni lujos.
Ejecutivos de juguete
Mientras cursaba los últimos años de diseño en Stuttgart programaba su siguiente meta: trabajar con el austriaco Stefan Sagmeister (genio del arte gráfico) en Nueva York. No lo conocía en persona, pero se ingenió para enviarle sus trabajos y pedirle que le permitiera hacer prácticas. El austriaco contestó. Jan laboraría junto con su maestro.
Hjalti Karlsson (39) era otro aprendiz en la oficina del austriaco. Igual que Jan, este también hacía prácticas. Ambos se conocieron allí. La química no surgió a primera vista ni a segunda ni a tercera. Cuando por fin empezaban a tener temas en común, Stefan Sagmeister decidió tomarse un año sabático para descansar. Conclusión: se quedaron vestidos, animados y desempleados.
Dimeporquéestoysolo
Con pocos ahorros, cero clientes, cero computadoras, Jan y Hjalti montaron un estudio en Manhattan. Pensaron en vestir de saco, publicitarse en altas esferas del marketing neoyorquino, porque “dólar es dólar”. Dejaron el talento, lo embalaron en un presupuesto inicial de $ 3.000 una mesa, $ 550 una cámara digital y $ 100 una asistente de limpieza. “Luego terminamos comprando tres mesas en $ 200, no compramos la cámara digital e hicimos nosotros solos la limpieza”.
Los primeros días de Karlssonwilker Inc. fueron desolados. Los clientes no asomaban. Sagmeister se condolió de ellos y les regaló una computadora al cual llaman The True Mac, o sea la “verdadera”, aunque por ratos deja de funcionar. Jan ama crear portadas de discos, mas supo que no podría subsistir con eso. Cambiaron de estrategia. Desembalaron el talento y guardaron el saco. Volvieron al disfrute de una creatividad libre. Esa que no siente presión económica ni estrés por la aprobación del cliente.
“En septiembre del 2000 dejamos los disfraces de ejecutivos. Nos metimos en una pequeña oficina con cuatro computadoras. Olvidamos que afuera existen tendencias, colores, revistas especializadas de diseño y apagamos el televisor. Enviamos tarjetas de presentación con nuestros apellidos unidos (también fotos nuestras), sin logos ni eslóganes. Y para burlarnos de nosotros escribimos: Felices fiestas, visítenos en www.karlssonwilker.com. Quienes ingresaban al web site leían el e-mail tellmewhy@karlssonwilker.com, el cual reemplazó al primero: show-methemeaningofbeinglonely@karlssonwilker.com, canción de Backstreet Boys. ¿Y sabes qué? aparecieron los clientes”.
Disfrutar el talento
A Wilker le gustaría decir que no sigue tendencias en sus piezas gráficas, mas en ciertos puntos sí lo hace. Evita que las corrientes publicitarias lo sumerjan en herramientas reutilizadas por tantos diseñadores. “Nuestra oficina es divertida. Si hacemos 100 bocetos podemos equivocarnos en 99. La cuestión es producir una pieza original. Requiere más tiempo y esfuerzo, es cierto. Odiamos ver revistas y copiar ideas exitosas. Lo que sale en revistas es viejo, porque ya pasó por un proceso creativo, por eso intentamos que lo de afuera no nos contamine”.
Jan comenta que aquellos contratos con las millonarias marcas manejadas no son tan jugosos como la gente piensa, pues Karlssonwilker se mantiene con el dinero justo para pagar los gastos de oficina y mantenerse ellos, como ciudadanos de nivel típico de la Gran Manzana. No viven estresados ni tecnificados. Tampoco esclavos del celular. Sus clientes son pocos pero muy grandes a nivel mundial. Les permiten trabajar a su ritmo, eso sí, deben producir ideas realmente innovadoras.
Para él, los diseñadores gráficos deben trabajar por amor a la satisfacción personal y no al dinero. “Cuando tienes talento y te esfuerzas por producir tus mejores ideas –y sabes defenderlas– aparecen clientes. Si diseñamos igual que otros no nos contratan. Seguir tendencias o innovar. La decisión es tuya. O copias o creas”.