Guayaquil ve nacer y desaparecer cada año un increíble número de restaurantes. Muchos piensan que resulta fácil poner un sitio de buen comer, administrarlo. Una idea novedosa deja de serlo cuando casi de inmediato se la copia. Cierta recesión económica limita la asistencia de comensales, quienes buscan más y más tarifas módicas. Unos sectores de la ciudad se ponen de moda y en poco tiempo se llenan de locales: fue el caso de Aventura Plaza en la avenida Las Monjas y La Piazza en Samborondón.
Los gustos individuales han provocado un incremento de posibilidades gastronómicas. El Tsuji, por ejemplo, fue durante muchos años el único restaurante japonés hasta que se puso de moda un gusto por la comida asiática limitada hasta entonces a un sinnúmero de chifas.
En la actualidad, es muy clara la división gastronómica de la ciudad según el tipo de comida escogida. Fuera de las cadenas que expenden hamburguesas, perros calientes, pollo, platos estandarizados, se multiplican los sitios que corresponden a países determinados: Italia, España, China, Japón, Ecuador, Perú, México, Cuba. Unos se ubican bajo el rótulo ambiguo de “internacional”, sobre todo en los grandes hoteles. Otros anuncian una especialidad: mariscos, cangrejos, comida vegetariana.
La comida italiana tiene innegables puntales como son Riviera, Casa di Carlo, Benvenuto da Mauro, La Trattoría da Enrico. No he ido a Casanova desde hace unos años y tengo que visitar unos pocos más. La presencia de Ciao en Samborondón es estratégica y podría alcanzar una clientela mucho más numerosa. Tiene a su haber un local luminoso con una atractiva terraza al aire libre, una cocina amplia, estantes para una reserva suficiente de vinos. Las porciones servidas son copiosas, lo que puede atraer a la clientela de gran apetito.
Más y más interviene la relación calidad-precio. Obviamente cuando sube la calidad pueden también elevarse las planillas. Ciao deberá revisar este concepto. Estuvimos almorzando hace poco y nuestra cuenta para tres personas, sin vino, subió a $ 87,80. El menú escogido no incluía ningún producto realmente caro, pues fueron ravioles y pulpos, una limonada, dos jugos naturales, un solo postre de chocolate.
La pasta de tortellini y ravioli es excesivamente gruesa, lo que la vuelve indigesta, aunque pueda gustar a quienes aman la comida abundante. La sazón es algo tosca, la comida carece de finura. Lo mismo sucede en cierto restaurante italiano de Aventura Plaza. Tengo cierto temor en cuanto a la conservación de los vinos, pues los cambios de temperatura entre el día y la noche, en Guayaquil, vuelven necesaria la compra de una bodega refrigerada, aunque fuera de cincuenta botellas. Ubicado en La Piazza, local C-4, Telf: 283-7349 (Samborondón). Ciao no debe olvidar que aquel mismo centro comercial ofrece Nuvó, Sucre, Fussión, Chez Stéphane, La Tasca de Sancho (siempre cerrada cuando pretendo visitarla en los horarios anunciados).
Precisamente porque existe una gran competencia entre los restaurantes italianos, Ciao tiene que enfrentar el futuro con más tesón y decisión. Puede convertirse en ‘el’ restaurante italiano de Samborondón. Necesita elaborar una masa mucho más ligera para sus pastas, quizás renovar sus equipos en este sentido, sofisticar un poco más la presentación. El chef y sus ayudantes tienen buen aliño para sus salsas, pero necesitan que se los guíe culminando su formación, lo que no será nada difícil pues hay un personal capacitado como para dar el paso que permita la necesaria superación.