Leslie Feist, ex rockera punk originaria de la ciudad canadiense de Calgary, ahora conocida profesionalmente como Feist, grabó su álbum de 2004, “Let It Die”, en París. Pero insiste que si los oyentes detectan el menor dejo francés en él, es totalmente resultado de su imaginación.
“Si hubiera dicho: ‘Sí, grabé mi disco en Estambul’, seguramente todos dirían, ‘es cierto, podemos sentir el humo de la pipa de agua que corre por las venas de las canciones’”, indicó.
“La gente necesita un contexto para entender las cosas. En realidad, no tenía ninguna intención de quedarme en Francia”.
Por ello, resultó poco sorprendente que Feist —cuyo toque cosmopolita y voz fuera de lo común se pueden apreciar en “The Reminder”, su álbum más reciente, nominado al Grammy— despertara el interés de Martin Kierszenbaum.
El presidente de operaciones internacionales de Interscope Records, peso completo de la industria discográfica, convirtió a Feist en la primera artista en firmar con Cherrytree Records, su minisello.
Aunque dedica gran parte de su energía a idear planes de marketing global para artistas de Interscope de la talla de Nelly Furtado y el rapero 50 Cent, Kierszenbaum ha usado Cherrytree para desafiar las fronteras, tanto artísticas como geográficas, de la música pop de consumo general al buscar talento entre artistas del mundo y tratar de convertirlos en estrellas lejos de sus respectivas patrias.
Además de Feist, Kierszenbaum le apuesta a artistas como las Pipettes, grupo británico inspirado por las Ronettes, grupo femenino de la década de los 60, ahora popular en Japón; y Flipsyde, colectivo de rap matizado de ritmo latino, de Oakland, California, que vive el éxito en Alemania con una de sus canciones. Próximo objetivo: Robyn, cantante pop sueca que hace su regreso a Estados Unidos.
Kierszenbaum, de 40 años, dijo que estos artistas reflejaban su predilección por los músicos que “pertenecen a la tradición pop, pero buscan ir más allá de los límites”.
También admitió que sus elecciones reflejaban un cambio crucial en los patrones de ventas globales. Aunque los sellos musicales corporativos continúan dependiendo significativamente de las exportaciones de estrellas anglófonas, principalmente estadounidenses, los discos más vendidos en numerosos países cada vez más son álbumes de artistas nacionales.
Este cambio en las ventas comenzó hace más de una década. En 2000, aproximadamente el 68 por ciento de las ventas internacionales procedían de artistas que trabajaban en sus países natales, contra el 58 por ciento en 1991, de acuerdo con la Federación Internacional de la Industría Fonográfica, grupo de la industria con sede en Londres. Si bien estrellas estadounidenses como Beyoncé y los Red Hot Chili Peppers aún encuentran admiradores en el mundo entero, numerosos ejecutivos de la industria disquera afirman que las ventas y el atractivo global de los principales artistas estadounidenses parecen estar a la baja.
El repunte del talento global procede, en parte, de la diseminación de equipo avanzado de grabación musical, así como de las crecientes avenidas de promoción. Por ejemplo, MTV ha lanzado más de 50 canales de videos musicales dirigidos a gustos específicos de televidentes en Europa, Asia y otras regiones. El declive de la presencia estadounidense también se deriva de diferencias culturales: géneros que alimentaron un auge en los 90, entre ellos la música country y ciertas variedades de rap, no se venden tan bien fuera de Estados Unidos.
Kierszenbaum finca sus esperanzas en lo que considera otro aspecto de la tendencia: el talento emergente atractivo para los fans en un mercado dado puede ser promovido en otro territorio y potencialmente en Estados Unidos.
“Me parece que, en materia de música pop, los seres humanos no son tan distintos”, expresó. “Creo que si algo puede tener acogida en algún lugar, tiene una buena probabilidad de sonar en todas partes. Tal vez requiera algún ajuste, pero puede funcionar”.