Partidos enfrentan riesgos en política de inmigración
Los candidatos presidenciales republicanos hablan sobre la inmigración ilegal como si estuvieran en una carrera armamentista para ver quién es el más inflexible. Los candidatos demócratas han empezado a tocar el tema con más cautela, pero aún prefieren hablar de dar cabida que dar la alarma.
Cada uno de estos enfoques, advierten los estrategas políticos y funcionarios, podría resultar costoso en noviembre próximo. Los encuestadores de ambas partes están de acuerdo en que existe una preocupación generalizada, incluso ira, respecto al impacto de la inmigración ilegal. Pero un electorado hispano cada vez más influyente podría sentirse alienado por una postura agresiva del partido al que favorecieron en crecientes números en las últimas dos elecciones presidenciales.
Mucho dependerá, dicen los estrategas, de cómo equilibrarán los candidatos sus declaraciones.
“Un republicano que sólo habla del control fronterizo o un demócrata que sólo habla de los beneficios y servicios para los inmigrantes ilegales se va a encontrar en muchos problemas”, dijo Dan Schnur, estratega republicano que trabajó en la candidatura presidencial del senador John McCain, en 2000.
Al examinar a los republicanos en este momento, con frecuencia es difícil encontrar muchas diferencias entre la mayoría de los contendientes líderes. Suenan tan duros como el candidato que se ha mostrado más iracundo respecto a la inmigración, Tom Tancredo, representante de Colorado, cuya campaña de bajo presupuesto empezó recientemente a transmitir un comercial de televisión en Iowa en el que declara que los terroristas islámicos andan sueltos por Estados Unidos gracias a una frontera mal asegurada.
Los republicanos se han pronunciado contra la “amnistía” y las “ciudades santuario” (ciudades que proporcionan servicios a los inmigrantes independientemente de su estatus legal), y han prometido levantar una barda en la frontera con México para mantener fuera a los “ilegales”.
“El aumento del tono en el lenguaje para ganar los congresos electorales de Iowa parece ser la acción a tomar, pero pagaremos un precio”, dijo John Weaver, estratega republicano que trabajó para la campaña presidencial de McCain.
Los demócratas han insistido menos en el tema y cada vez se muestran más cautelosos. Su incertidumbre sobre el problema refleja la creciente preocupación de que los republicanos podrían utilizar el asunto en su contra en noviembre próximo, al retratarlos como débiles en la impartición de justicia y complacientes de la anarquía.
Algunas encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses está de acuerdo con las propuestas respaldadas por la mayoría de los demócratas en el Senado, así como por algunos republicanos, para establecer una ruta hacia la ciudadanía para los inmigrantes que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos, siempre y cuando cumplan con ciertos requisitos. Sin embargo, los sondeos también muestran que la mayoría siente que el país necesita hacer más para proteger sus fronteras y se oponen a otorgar licencias para conducir.
“Mientras que la gente coincide con nosotros en la política, está extraordinariamente molesta”, dijo Mark Mellman, estratega demócrata. “El tono de los demócratas consistentemente no logra reflejar esa rabia. En ése sentido, no estamos sincronizados con el público”.
Por el bando republicano, Mitt Romney, candidato presidencial que cada vez usa más la inmigración para ir tras sus rivales en busca de la nominación, con frecuencia se apresura a agregar, después de un discurso castigador sobre “ciudades santuario” y “amnistía”, que no tiene ningún problema con los inmigrantes “legales”.
Rudolph W. Giuliani, uno de esos rivales, ha dicho que una vez que la frontera esté asegurada, quienes sean ciudadanos productivos y no hayan cometido crímenes deberían tener una oportunidad de obtener la ciudadanía.
Michael Gerson, ex redactor de discursos para el Presidente Bush, escribió recientemente en un artículo de opinión, en The Washington Post, que era una falta de criterio que los republicanos utilizaran la inmigración como “un arma”.
“Cuando menos cinco estados indecisos que terminaron votando por Bush, en 2004, son ricos en electores hispanos —Arizona, Nuevo México, Nevada, Colorado y Florida”, dijo Gerson. “Bush ganó Nevada por apenas poco más de 20 mil votos. Un cambio sustancial de electores hispanos hacia los demócratas en estos estados podría volver al mapa político nacional imposible de ganar para los republicanos”.
Simon Rosenberg, fundador de New Democrat Network, tiene información de sondeos que muestra el potencial para un cambio trascendental en la afiliación partidista y señala que, en 2000 y en 2004, Bush trabajó intensamente para tenderles la mano a los hispanos, lo que elevó el porcentaje republicano de su voto al 40 por ciento en 2004, en comparación con 21 por ciento en 1996.
Pero en las elecciones de medio periodo, del 2006, después de que los republicanos empezaron a adoptar una postura más confrontacional hacia los inmigrantes ilegales, su participación del voto hispano cayó al 30 por ciento.
Los hispanos representaron el 8 por ciento de los electores el año pasado.
“Ponerse del lado equivocado de una tendencia demográfica, como el creciente electorado hispano, puede volver a un partido político un partido minoritario durante mucho tiempo”, dijo Rosenberg.