Mike Huckabee pasó un fin de semana reciente en New Hampshire, donde vio algo que raras veces había visto en sus dos años como pre-candidato republicano a la presidencia: gente. Mucha gente. Salas y salones atestados de electores, ayudantes de campaña y reporteros.
“Llevamos mucho tiempo esperando que sucediera esto”, dijo Huckabee, ex gobernador de Arkansas.
“Es todo por lo que hemos venido trabajando”. El surgimiento de Huckabee en Des Moines ha retumbado en todo el grupo de contendientes, ya en constante cambio, y despertó preocupaciones en el campo de su rival Mitt Romney, ex gobernador de Ma-ssachusetts y mormón.
Los avances de Huckabee se ven impulsados por el apoyo que tiene entre los conservadores cristianos, quienes han tenido fricciones con los mormones. Al parecer responden a su mensaje de que él es el verdadero conservador social en la contienda, pese a las críticas de que como gobernador elevó los impuestos y no fue lo suficientemente duro con la inmigración ilegal.
No obstante, si bien Huckabee ha emergido como una fuerza poderosa en la planeación política republicana, aún enfrenta obstáculos sustanciales.
Confronta, en la persona de Romney, a un oponente acaudalado que ha gastado mucho más que él y que puede seguir gastando. Tiene una presencia bastante menor que Romney, Rudolph W. Giuliani y el senador John Mc- Cain, de Arizona, en los numerosos estados que le siguen a Iowa.
“Romney tiene una máquina que genera participación: nadie discute eso”, dijo Chuck Laudner, presidente ejecutivo del Partido Republicano de Iowa. “En lo que Huckabee tiene que confiar es en esa comunidad de fe: iglesias, niños que reciben su instrucción escolar en casa. Huckabee obtiene de los voluntarios aquello por lo que Romney tiene que pagar.
Pero nunca se podrá saber qué significa esto hasta que lleguen los resultados”.
Huckabee y sus asistentes dijeron haber pasado noviembre tratando de posicionarse en otros estados, por si obtenía un sólido resultado en Iowa, el 3 de enero. Huckabee aún tiene pendiente intensificar su campaña en New Hampshire, Carolina del Sur o cualquiera de los estados importantes que votarán poco después de Iowa.
Confía en la suposición de que una victoria en Iowa sería recompensada con una racha de contribuciones y publicidad, y recuperaría a conservadores que declinaron apoyarlo porque creyeron que no tenía posibilidades de ganar.
Sólo hay cinco días entre los congresos de Iowa y las primarias de New Hampshire, lo que deja poco tiempo para que Huckabee le saque provecho a una eventual victoria en Iowa.
El ascenso repentino en el apoyo a Huckabee también atrae más atención a su mandato en Arkansas, en particular a sus acciones que llevaron a la liberación de un violador condenado, quien después asesinó a una mujer, y a su respuesta a un cuestionario durante una campaña al Senado, en 1992, cuando dijo que la gente con sida debería ser mantenida en cuarentena.