Alguien escribió: “El bien más preciado es la salud”. Cuánta verdad encierra esta sentencia. Digo esto a partir de una experiencia cercana. Un buen amigo enfermó de cáncer y como es lógico se le derivó a Solca para que recibiera las atenciones médicas pertinentes; en dicho proceso se encuentra; siendo los cuidados brindados por doctores, radiólogos y el Departamento de Trabajo Social, un servicio profesional de altísima calidad y sobre todo humano.
Pero el cáncer, con toda su gama de patologías, su tratamiento demanda gastos que traducidos en el tiempo pulverizan cualquier presupuesto, si a esto se agrega que el paciente no es afiliado al IESS, la situación se torna crítica, ya que la falta de recursos obliga al afectado a incumplir las disposiciones emitidas por los especialistas, lo que puede llegar a significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Visto aquello, nos parece que el Estado visualice la posibilidad de edificar centros piloto (uno para comenzar) para enfrentar el cáncer, dando una respuesta social, de salud, a una necesidad latente. Se trata de opciones.
Debería el Gobierno buscar el incremento de las rentas de Solca y establecer convenios entre los hospitales del Estado y dicha casa de salud, semejantes a los del Seguro y que redunden en beneficio de grupos vulnerables.
En otro punto, y siguiendo en cuestiones de salud: la Lotería tiene su origen en Guayaquil, es cierto, pero constituye el soporte de una obra social que tiene influencia nacional y cuyos beneficios son palpables y estadísticamente irrebatibles.
Entonces, podría la Junta (¿cambiando estatutos?) ampliar su infraestructura hospitalaria a otras ciudades y así desvirtuar definitivamente la errónea apreciación geográfica de que el beneficio es solo para una ciudad.
Andrés Martínez Arrata,
sociólogo, Guayaquil