DIGO
Como hijo de Dios, soy digno de todo bien. Aunque tengo cualidades que son percibidas y valoradas por otros, tengo la valía total que proviene de ser una creación de Dios.
A medida que Dios me guía, avanzo hacia una vida de logro. Al reconocer y utilizar las habilidades y talentos que Dios me dio, contribuyo al bien de muchos. Soy un cocreador que contribuye al establecimiento de Su plan.
Doy gracias por las bendiciones de recursos, abundancia y aprecio que vienen a mí de muchas maneras. Sin limitación, valgo mucho como hijo de Dios, un miembro amoroso y considerado de Su familia universal.
Reboso con el gozo de vivir partiendo de lo sagrado en mí y reconociendo lo sagrado en todos los demás.
–1 Timoteo 5:17
“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”.