Pedidos para la Asamblea son amplios, aunque las expectativas han bajado.
Es ingeniero en Agroempresas y Recursos Naturales, graduado en la Universidad Politécnica Amazónica hace dos años, y no consiguió ejercer como tal, así que Édgar Rodríguez Vélez se hizo chofer, compró a crédito un carro y hace fletes hacia el interior y fuera de Zamora.
Como él, muchos esperan que las oportunidades que no han tenido aparezcan cuando la Asamblea Constituyente redacte la nueva Constitución.
Por eso desde esa provincia lejana a Montecristi (Manabí) –donde este jueves los 130 asambleístas se instalarán– ese ingeniero convertido en chofer espera cambios: que las riquezas del suelo y subsuelo sean para crear empleos y dar educación y salud de calidad y gratuita. No como ahora. “El pobre va al hospital y todo tiene que comprar, y dónde está la salud y educación que se dice que es de todos”.
Su hermano, Álex, no esperó a que llegaran los cambios y partió hace algún tiempo a los Estados Unidos.
Frenar ese éxodo es otra de las aspiraciones que tienen unos sectores del Azuay, como la Asociación de Familiares de Emigrantes 13 de Agosto. Una integrante, Lourdes Pérez, dice que la Asamblea debe analizar el tema de la migración. “Hay que evitar que nuestra gente siga saliendo, pero también hay que ver por las familias de quienes fallecieron en el intento de llegar a otro país”.
Mientras, los campesinos y comerciantes buscan acceso a microcréditos.
Las expectativas en la Constituyente son amplias: van desde que a través de ella se cree un marco legal que genere más puestos de trabajo, se mejoren los servicios básicos, que haya buena utilización de los recursos naturales, una distribución de la riqueza en partes iguales, que se reactiven los campos, entre otros.
Muchos esperan por sobre todo que los 130 asambleístas cumplan con sus ofertas de campaña, todas, incluso la de hacer que bajen los precios de los productos básicos.
Esas esperanzas depositadas en la redacción de una nueva Constitución han tenido un “vaivén” dentro de la población, de acuerdo con un informe de Cedatos, empresa de investigación de mercados y opinión pública, elaborado con base en sus encuestas.
Al inicio del gobierno (enero del 2007), los ecuatorianos no consideraban que la Asamblea era una prioridad para el país, y la mencionaban en el noveno lugar de sus preocupaciones.
Durante la campaña para la consulta popular, el 51% dijo que se iba por el camino correcto; y el triunfo arrollador del Sí en ese proceso del 15 de abril trepó ese optimismo al 73%.
Y más del 65% opinó que la Asamblea iba a cambiar al país para bien de la población.
En octubre y en otra encuesta el 37% respondió que con la Constituyente mejoraría la situación del país. La semana pasada, Cedatos volvió a consultarles y esa expectativa bajó al 33%.
El director de la firma, Ángel Polibio Córdova, explica ese comportamiento: “Lo que pasa es que la gente se ha dado cuenta de que la Asamblea no precisamente va a tratar sobre temas de cómo mejorar la educación, salud, vivienda, cómo combatir la corrupción, problemas que los ve a diario.
Recién se da cuenta de que lo que va a hacer es elaborar una nueva Constitución”.
Desde Latacunga, al analista Lalo Freire le preocupa que la Asamblea no cumpla las expectativas de la población y se transforme en un ente de decepción para la gente que depositó su voto, en especial en favor del movimiento del Gobierno.
José María Gualichico
COMERCIANTE
“Que sean un derecho constitucional para los comerciantes los microcréditos a través de la banca pública”.
Esperanza Santos
AMA DE CASA
“Sé que la Asamblea es para cambiar. Aspiro a que los que estén allá cumplan las promesas y que haya más trabajo”.