martes 27 de noviembre del 2007 Columnistas

Una oportunidad para las libertades

Los estudiantes de clases acomodadas tienen mayores oportunidades de alcanzar altos grados de bienestar que aquellos más pobres.

Los más pobres sienten también no únicamente una marginación en ocasiones derivada de factores raciales, sino y especialmente, basada en diferencias culturales vinculadas con el grado de educación.

Es indudable que la sociedad ecuatoriana, carente de oportunidades, ha encontrado en la visión paternalista del Estado y en la dádiva de los caudillos, probablemente los únicos medios para intentar superar la extrema pobreza, aunque al hacerlo se haya acostumbrado a aceptar como normal aquello que otros ecuatorianos no tan “indignos” jamás tolerarían.

Esta realidad tiene que modificarse. Los mecanismos pueden ser diversos, aunque es posible contraponer dos concepciones claramente enfrentadas. La primera, defendida por quienes sostienen que el Estado asistencialista tiene la obligación de proporcionar mínimos de “bienestar” para aquellos más necesitados; un ejemplo: el bono de la solidaridad. La segunda, la de quienes creemos que el Estado debe brindar las herramientas para permitir que los propios ciudadanos alcancen, fruto de su esfuerzo directo, el tan ansiado bienestar. Es decir, la concepción del Estado paternalista se enfrenta con la del Estado facilitador.

Ejemplo: el bono de la solidaridad. Creado en un gobierno de derecha, se lo ha mantenido e incrementado durante el gobierno actual, de tendencia de izquierda. Aproximadamente 1’200.000 personas reciben el bono de 30 dólares mensuales. Es decir, el Estado regala mensualmente 36’000.000 de dólares. Este dinero no crea ni un solo empleo. No genera ninguna industria. No proporciona posibilidades de cambio de ninguna naturaleza y lo que es peor, gran parte de él se destina indirectamente a las empresas multinacionales de telefonía que el Gobierno dice combatir. ¿Quién no tiene en la actualidad teléfono celular?

Este dinero no cambiará la vida de millones de niños y adolescentes que se verán en los próximos años enfrentados a la necesidad de subsistir y progresar y que al verse imposibilitados de hacerlo engrosarán la fila de “pobres”.

¿Qué cosas se pueden hacer con 36’000.000 de dólares al mes? Muchas, entre las cuales tal vez la mejor sea invertir en educación, a efectos de proporcionar a los más pobres precisamente el reconocimiento pleno de su dignidad a través de la generación de condiciones para que las tareas de formación educativa puedan efectivamente lograrse.

¿Por qué únicamente las clases sociales media y alta tienen la opción de realizar las tareas escolares en condiciones dignas? ¿Existe la misma oportunidad para progresar si se realizan las tareas escolares en un ambiente agradable, con aire acondicionado, con acceso a internet, con suficiente alimentación, con suficientes textos de consulta y con suficiente espacio que si se las realiza en habitaciones diminutas, sin ventilación, sin alimentación, sin textos de consulta y sin facilidades de internet? ¿Quiénes tendrán un mejor futuro? Sin duda alguna, la educación constituye ese motor capaz de abrir las puertas a las oportunidades y con ello propiciar que las libertades cobren plena vigencia. La educación es entonces una verdadera oportunidad para las libertades.
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