jueves 22 de noviembre del 2007 Columnistas

Qué espero de la Asamblea

El día del cierre de la campaña, Alianza PAIS en Guayaquil hizo gala de poder y dinero. De todo lo que se supone había hecho la partidocracia y que el Ejecutivo ha criticado hasta el cansancio. Intentó copar el Coliseo Voltaire Paladines Polo con un enganche fenomenal: ‘Vivos’ en vivo con el show de Rolindo, al que se sumó Rolando (Panchana), y desde República Dominicana el merenguero Wilfrido Vargas. Gratis para los asistentes. ¿Gratis para el Gobierno? Lo dudo.

El show y el escándalo es lo que más temo de la próxima Asamblea Constituyente. Y no tengo muchas razones para no creer que este manejo desaparezca para abrirle espacio a la discusión profunda y altiva. Ya se escucha que los Asambleístas estarán tres días de la semana en Montecristi y que luego irán de gira por el país en una suerte de Asamblea Itinerante. Y en cada poblado habrá lo de siempre: fiesta popular, música, comilona, acaso para hacer tal jolgorio que se limite el debate de los grandes temas del país y que estos se aprueben sin mayor discusión, de acuerdo al borrador gubernamental, con un levantamanos de la mayoría.

Y si el debate se sale de control,  entonces el festejo se cambiaría por la medida de choque y para ello se llevarán buses y camiones con gente dispuesta a gritar y atemorizar a los que se oponen a la posición del Gobierno. Y así hasta las transmisiones de los periodistas tendrán que dar espacio a lo ruidoso de los sucesos, limitando el tiempo y espacio para los temas de fondo. Con este libreto de show y escándalo, los comunicadores ya sabemos que el trato será de opositor y que se trabajará en condiciones de riesgo.

Quise opinar sobre lo que espero de la Asamblea y he descrito lo que no quiero que pase con ella, pues mis propias esperanzas de cambio parecieran pasar del verde al gris, cuando me fijo en lo que ocurre a diario, cuando recuerdo las palabras de un amigo de infancia en la sobremesa del domingo pasado. “La Nueva Constitución  ya está hecha”, me dijo y pregunté: “¿A qué te refieres?”, conociendo sus importantes vínculos con un miembro del círculo íntimo del Presidente. No me dio explicaciones, pero insistió: “la nueva Constitución ya está hecha, solo hay que venderla bien”. No pregunté ni discutí más. Preferí levantarme en calma, pero de ningún modo resignada.

Me niego a creer que todo esto sea cierto. No puedo aceptar el fin de una ilusión llamada Rafael Correa.
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