El cardenal vietnamita Francisco Javier Van Thuân fue encarcelado por el gobierno comunista desde 1975 hasta 1988; después fue llamado por Juan Pablo II a colaborar en el gobierno de la Iglesia universal como presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. A los que opinan que la política debe ser ajena al clero es difícil entender que un cardenal durante su larga prisión haya escrito las bienaventuranzas del político.
El Cardenal no invade los dos campos, que sí deben ser ajenos al clero: la militancia en un partido y la búsqueda del poder. Como seguidor de Cristo, que no es solo Hijo de Dios, sino también hombre, que asumió angustias y esperanzas humanas, el Cardenal ha escrito la imagen ideal de un político de partido, que busca y ejerce el poder.
Sé que un diario no tiene como finalidad exponer temas estrictamente confesionales; las siguientes bienaventuranzas no están dentro de este límite; además, las siguientes frases llenas de sabiduría evangélica orientan a todas las personas de buena voluntad, independientemente de su credo religioso; son una síntesis de los deberes de la política y de los políticos:
“Bienaventurado el dirigente político que entiende su papel en el mundo. “Bienaventurado el dirigente político que ejemplifica personalmente la credibilidad.
“Bienaventurado el dirigente político que trabaja por el bien común y no por intereses personales.
“Bienaventurado el dirigente político que es sincero consigo mismo, con su fe y con sus promesas electorales.
“Bienaventurado el dirigente político que trabaja por la unidad y hace de Jesús el fulcro de su defensa.
“Bienaventurado el dirigente político que trabaja por el cambio radical, que se niega a llamar bueno lo que es malo y utiliza el Evangelio como guía.
“Bienaventurado el dirigente político que escucha al pueblo antes, durante y después de las elecciones y que siempre escucha a Dios en la oración.
“Bienaventurado el dirigente político que no tiene miedo de la verdad ni de los medios de comunicación, porque en el momento del juicio responderá solo ante Dios, no ante los medios de comunicación”.
Las bienaventuranzas son claras y casi no dejan espacio a comentario. Comento solo algunas: El político debe cultivar valores humanos; estos lo hacen creíble: -La lucha por el bien común. -La sinceridad: los políticos que ofrecen lo que no van a cumplir son mediocres, aunque lo ofrezcan desde el poder. Es preferible el que dice no, a veces por prejuicios, que el que dice sí solo por quedar bien, sin intención de cumplir. Buen político es el que se esfuerza en llegar a la raíz de lo inhumano y a las vertientes de lo humano. Se llega a la raíz escuchando, estudiando, antes y después del voto ciudadano, estudiando quiénes somos y adónde vamos y adónde podemos ir.
Se logran transformaciones radicales acogiendo los aportes humanos, aunque vengan de adversarios. El juicio de las encuestas de opinión tiene valor transitorio. El juicio de Dios es definitivo. Él juzga, también a los políticos, de acuerdo al amor o gratuidad con que han actuado.
La fundación Leonidas Ortega Moreira hará el 22 y 23 de noviembre la XIV Convención de Educadores. Asistirán expositores nacionales e internacionales de El Salvador, Bolivia, Colombia, Uruguay y Cuba.
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