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DOMINGO | 18 de noviembre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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Pruebas de conducción

Me parece fabuloso que se hagan pruebas de conducción,  sobre todo porque las señales de tránsito no son respetadas, un ejemplo es el paso cebra o paso peatonal, esta señal está para que el peatón en los lugares donde no hay semáforos pueda pasar con tranquilidad y el conductor ceda el paso. Esto no sucede así, porque prioridad tienen los coches. Hay que educar y concienciar tanto al conductor como al peatón. Y si no hacemos caso, pues que haya castigos ejemplares y que se haga buen uso de estas sanciones. Cuando llegué a Madrid, uno de los comentarios que  me hicieron es que nosotros no sabemos ni que existe esto y que conducimos como salvajes.

Esperanza Figueroa,
Madrid
Unidad por Guayas

Quiero hacer un llamado a los valiosos ciudadanos que conforman las dos Juntas Cívicas (fenómeno que se ha producido porque las circunstancias han impulsado a actuar a veces sin pensar con prudencia) a unir talentos, valores y fuerza y levantar una sola Junta Cívica renovada en personas, objetivos y fuerza. Todos tenemos diferentes talentos y aptitudes que pueden ser aprovechados para la misma causa: defender al Guayas y a Guayaquil de sus enemigos y resentidos que ocupan por la fortuna un puesto en el Gobierno.
Anímense, conversen, dialoguen y ojalá el pueblo de Guayaquil  vea en los titulares de los diarios una foto donde se formalice el acuerdo de unión entre todos esos valiosos ciudadanos. Eso será un mensaje optimista y tendrá gran impacto positivo para el guayasense, y será un golpe desmoralizador para el Gobierno, quien en su lucha por dividirnos se verá impotente y frustrado al ver que eso nos hará más unidos cada vez.

Juan Carlos Abad Fernández,
abogado, Guayaquil

La auténtica Junta Cívica de Guayaquil debe  estar formada por todas las universidades de la ciudad, por los colegios de profesionales, por los gremios sindicales, empresariales, barriales, federaciones deportivas, Municipio, transportistas, pequeños comerciantes, intelectuales, fundaciones de todo tipo, colonias de extranjeros residentes en la ciudad, así como por las sociedades de ecuatorianos de otras provincias residentes en Guayaquil, etcétera, es decir, que en esta auténtica Junta Cívica se represente al guayaquileño común y que sus directivos sean nominados por méritos del diario vivir en ciudad, y que tenga por objetivo ser una gran veedora de las obras que se hacen en la ciudad y empuje a toda costa la mejoría de vida de los que vivimos en la ciudad.

Ya no estamos en la época en la  que el civismo es la bandera y el escudo, ahora se hace civismo pensando en el conciudadano más necesitado, pensando en la educación y salud de los guayaquileños.
Ya basta de utilizar el nombre de la urbe solo por  ser “figuretes” o para pasar de homenaje en homenaje, siendo agasajado o agasajando a su “gallada”... y todo en nombre de Guayaquil.
Por favor, a los miembros de las dos supuestas “juntas cívicas”, si aman tanto a la ciudad, dejen de usar ese nombre y esperen que el colectivo ciudadano los nombre y no sus amigos de sociedad.

Carlos Barrionuevo Cabanilla,
Guayaquil

Mala actitud de los conductores

No hay duda de que en Ecuador cada día surge alguna barbaridad que nos deja pasmados. En una entrevista que hizo una reportera y que la pasaron por televisión, ante la pregunta ¿sabe usted que está infringiendo la ley?, las respuestas fueron de lo más especiales: “No me di cuenta”. “Cuando se encendió la roja yo ya estaba aquí”, y la más asombrosa: “Sé  que estoy infringiendo la ley, pero no hay dónde parquear; así pues, no me queda más”.

Esta es la actitud de las personas que manejan automotores en nuestro país; con razón el índice de muertos y heridos crece diariamente. Y es que la idea es “yo tengo que ir a ese lugar o a hacer esa diligencia hoy pase lo que pase”. No hay ley, no hay reglamento, no hay orden que no se pueda infringir, porque primero estoy yo.

Y con este panorama es que el Presidente vetará la Ley de Tránsito que los diputados tratan de elaborar, reformas que son imprescindibles para evitar tanta irresponsabilidad y quemeimportismo tan característicos en los conductores ecuatorianos, sean estos privados, públicos o del gremio que sean.

Gloria Romero Castillo,
Guayaquil
Foro de lectores

¿Cómo se podrá reparar el resentimiento entre peninsulares y guayaquileños fomentado por los políticos?

Promover el aislamiento de la Península y la animadversión hacia sus pobladores es una actitud tan censurable como la de aquellos que irrespetaron el emblema porteño. Esa indeseable conducta es responsabilidad de personas ya identificadas y no expresa el sentir de los peninsulares, así como las diatribas de determinados guayaquileños en contra nuestra no son el pensamiento de todos los ciudadanos de la Perla del Pacífico. Nada   impedirá que  recibamos al turista con cordialidad y respeto. En asunto de turismo, dejen al noble pueblo guayaquileño a su libre albedrío.

Washington Orrala Tomalá,
La Libertad, Santa Elena

Se ha gastado mucho dinero en campaña publicitaria, sobre todo a través de la televisión, primero contra la provincialización, luego para que la ciudadanía no visite la Península, dinero del pueblo que debió servir para mejoras de los 25 cantones  del Guayas.
Los problemas del país son muy graves: pobreza, desocupación, inseguridad, corrupción, impunidad, etcétera, por lo que la atención de los guayaquileños y peninsulares no debe centrarse en los rencores motivados por la provincialización de Santa Elena, sino que las acciones deben dirigirse a la búsqueda de las soluciones de las necesidades del país.

Héctor Villón Mateo,
economista, Guayaquil

Los guayasenses que por generaciones hemos disfrutado de los encantos de ese perfil costanero, Salinas, La Libertad, Ballenita, Manglaralto, Olón, Montañita, etcétera, no vamos a dejar de visitarlo, y les deseamos a las nuevas autoridades, que ojalá estén capacitadas, el mejor de los éxitos, y que con esa piedra preciosa en bruto le generen nuevas ideas y obras que proporcionen trabajo y prosperidad, y que no se concentren en obras que ya estén trazadas por décadas, tal cual la autopista, o las famosas casetas, que por su costo deslumbró e hizo olvidar a la gran mayoría de peninsulares.

Vicente Luzardo,
ingeniero agrónomo, Guayaquil

Cada vez que he ido a la Península, a sus playas, he interactuado con su gente y me he sentido en mi territorio, en mi país.  Es lo mismo que si voy a Manabí, a Esmeraldas, Quito, etcétera. Pero luego del enfrentamiento causado por intereses políticos para la creación de la provincia 24, ahora se nos quiere inducir a dividirnos en peninsulares y guayaquileños. Realmente esta situación me resulta muy incómoda.
Tampoco ayuda que determinadas personas, dejándose llevar por su “orgullo”, pretendan que “todos” los guayaquileños dejen de ir a la nueva provincia.  Este es un país muy pequeño y demasiado fragmentado como para ponernos en esa posición.

Deberíamos exigir a nuestros políticos diálogo, buen entendimiento. Si no nos oyen, no importa porque día a día les iremos demostrando que los ecuatorianos en general somos gente cordial, de buen vivir, que preferimos la paz, la buena vecindad, el progreso para todos. Y finalmente, estos políticos oportunistas se darán cuenta de que su discurso divisionista no ha calado en nosotros. No nos pueden obligar a dividirnos.

Isabel Menéndez,
Guayaquil

¿Qué hacer para reducir los accidentes de tránsito en las calles y carreteras? 

¿Cree usted que debemos abandonar la tradición de quemar el año viejo con camaretas  por el peligro de  accidentes e incendios que implica el manejo de este y otros explosivos?

 

Disposición absurda

Una vez más pagaremos justos por pecadores, una vez más abrimos de par en par la puerta de la corrupción.

Invito muy cordialmente al Director Ejecutivo de la CTG  a que permanezca tan solo cinco minutos en la intersección de las avenidas Quito y Nueve de Octubre para que vea quiénes  son los anárquicos, son los choferes profesionales no los deportistas; señor, recorra la ciudad y verá que la acción debe dirigirse a los profesionales del volante.

Señor Director de la CTG, termine con una cosa para que empiece con otra. Termine de una vez por todas con: a) carros sin placas o con películas antisolares; son carros fantasmas en los que con  facilidad se pueden cometer crímenes que se sumarán a la lista de los impunes; b) en virtud de que la contaminación no solo es humo, también es ruido, termine con las cornetas de las busetas y los taxistas; c)  limpie la CTG de tanto corrupto de manera que no se faciliten los servicios de permisos para películas y para rodar sin placas por atentatorios a la ciudadanía.

Si usted se empeña en esto  habremos ganado ya bastante sin invertir ni el Estado ni los ciudadanos un solo centavo, sino más bien financiado ampliamente a la CTG con los valores de las multas.

Recorra la ciudad un día cualquiera y constate usted mismo cómo las infracciones de tránsito se cometen en cada calle, en cada esquina y hasta en cada vereda.

Constate por usted mismo cómo, a manera de ejemplo, los mismos uniformados violan la Ley de Tránsito atropellando los derechos de sus conciudadanos al amparo del uniforme y de su arma de dotación que los vuelve inmunes tanto como nuestros legisladores. Constate cómo oficiales de la CTG parquean sus carros en las veredas y, para colmo de todo y en una actitud de desafío, lo hacen incluso con los mismos patrulleros de la entidad.

No emprenda en lo macro cuando lo micro se le escapa de las manos y no lo ha podido hasta el momento controlar.

Me permito sugerirle, con todo respeto, que tan solo se aplique la Ley de Tránsito y Transporte Terrestre, eso es todo, y lo único que como CTG puede por el momento hacer hasta que un Congreso no comprometido y altamente sensible (una utopía) legisle en el sentido de reformar la Ley de Tránsito en lo que respecta a las sanciones; las multas que se imponen son ridículas frente al mal que se causa.

Francisco Silva T.,
abogado, Guayaquil

 

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